Celeste Cid habla del amor “distinto a todo” que vive con el artista audiovisual Iván Pierotti

Íntima, habla de su relación con el artista audiovisual, con quien lleva casi dos años de relación tras haber sido presentados por una amiga en común.

Hoy amo con libertad, sin competencias ni demandas. Es importante confiar en tu compañero, que te dé solvencia y presencia cuando lo necesites. Que comprenda mis tiempos y los de mi casa.De no haber sido así con Iván (Pierotti), no hubiese habido cabida para esta relación. Él sabe y entiende que mi prioridad son mis hijos y, en gran parte, mi trabajo.

¿Qué aprendiste del amor en tanto tiempo?

–(Piensa)… Del amor aprendo a los tropezones, pero quedé tildada en lo que preguntás, también a raíz de los prejuicios. Todavía hay determinaciones culturales que siguen muy arraigadas. De repente, entre tantos comentarios lindos en las redes, encontrás alguno que dice: “Treinta y pico de años y ya tiene dos hijos de dos padres diferentes y tantas separaciones”. Lo pensás, eh… Pero te das cuenta de que el tiempo es relativo. Haber estado en una relación toda la vida no asegura que hayas sido feliz. Creo que aprendí del amor la importancia de ejercerlo conmigo misma. Saber buscar ese lugar en donde sentirme tranquila sin deudas con el pasado, experta en determinar el “es acá” y el “¿por qué debería irme si estoy tan bien”. Aceptando que el tiempo nos cambia a todos y el amor puede no tener que ver con cierta intensidad. Bajándole el volumen a los reclamos, y subiéndoselo al pedir. Donde ya no existe ese abismo entre “yo y mí misma”. La lección es, entonces, que en ese lugar es el origen del legítimo “bienvenir” al otro.

–Como a Iván (Pierotti, 29 años, artista audiovisual, con quien lleva casi dos años de relación tras haber sido presentados por una amiga en común) ¿Qué fue eso que lo hizo posible?

–El amor con libertad, sin competencias ni demandas. Y no hablo de “hacemos cualquier cosa”, sino de “cada cosa que hacemos conlleva respeto hacia uno mismo y hacia el otro”. Es importante confiar en tu compañero, que te manifieste solidez, solvencia y presencia en caso de que lo necesites. En definitiva, que comprenda mis tiempos y los de mi casa… De no haber sido así con Iván, no hubiese habido cabida para esta relación. Él sabe y entiende que mi prioridad son mis hijos y, en gran parte, mi trabajo. ¡Es súper lindo vivirlo así!

Entre nosotros todo vibra similar. No existe el ‘tenemos que hablar para llegar a un acuerdo’. Nosotros no tenemos nada que explicarnos. Todo fluye, sin charlas ni peticiones. Sólo se trata de estar ahora y aquí, y disfrutarnos.

–Intuyo que la convivencia es casi utópica en este contexto…

–(Se ríe) Ni siquiera un plan. Nuestro encuentro está muy bien así. Él también tiene sus tiempos propios. Su trabajo. Sus amigos. El vínculo entre los dos es de mucha pureza. Y estamos como en un mismo equipo, con una frecuencia de vida similar. No existe el “tenemos que hablar para llegar a un acuerdo”. Ni lo que se vive en una terapia de pareja a la que vas a remar alguna situación, a hacerle entender a las otras algunas cuestiones y que el otro te haga entender otras tantas a vos. Nosotros no tenemos nada que explicarnos. Todo fluye, sin charlas ni peticiones. Sólo se trata de estar aquí y disfrutarnos.

–¿Qué pasión comparten?

–La de quedarnos en casa mirando películas. Algo que hoy no cambiaría por una salida. Y, además, la fascinación por los niños. Para mí, en el amor muy pocas cosas son tan importantes como el humor, pero hay una fundamental: me enamora quien se prenda en el disfrute de no hacer nada.

Fuente: Gente

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