La increíble historia detrás de una obra argentina sobre Nerón que llegó al Teatro Cervantes

Espectáculos | No cualquier actor tiene la posibilidad de interpretar una obra escrita especialmente por Osqui Guzmán. Enobarbo, que se presenta en el Teatro Cervantes, es la pieza de Alejandro Acobino que Guzmán interpreta y además, dirige. Pero Enobarbo viene con una historia curiosa detrás y acá te contamos cual es.  |  InfoGoya – E/A

La obra estuvo perdida varios años; su autor se convirtió en uno de los nombres más interesantes de la dramaturgia actual y pasó a ser de culto luego de su trágica muerte (se suicidó), en 2011. Ahora, su material llegó a un teatro oficial, como era su sueño.

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-¿Cómo es esto de que alguien escriba un personaje para vos?

-Es increíble. Con Acobino nos hicimos amigos en 1994. Y nuestras conversaciones eran maravillosas. Un día, en 2001, me comentó que tenía la idea de una obra sobre Nerón y su esclavo Atticus y me dijo que quería que yo hiciera de Atticus quien, antes de Nerón había sido esclavo de su maestro, Séneca. Alejandro tardó siete años en escribirla, la pensaba para un teatro oficial. Pasó el tiempo, después vino su partida y el proyecto quedó ahí. Años después, Karina K me contó que Acobino le había dado una obra y era ésta. Yo hablé con la hermana de “Aco”, Gabriela, que es quien se ocupa de todo su legado, pero no sabía nada. Hasta que un día me llamó para contarme que había encontrado una obra de su hermano y que después de leerla había soñado conmigo para el personaje de Atticus.

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- Las vueltas que dio la obra para volver a vos, ¿no?

-Sí, en ese momento ninguno de los dos lo podía creer. Pero son las cosas mágicas de la vida y del teatro. Un día, cuando estábamos ensayando, Pablo Fusco, que interpreta a Nerón, estaba recitando el último poema e hizo un gesto que era muy típico de Acobino. Y ahí sentí que él estaba con nosotros en el proyecto. Además, después de muchas idas y vueltas, estrenamos en octubre que es el mes de su cumpleaños.

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-”Enobarbo” tiene una vigencia impresionante en cuanto a la figura del político como actor frente a un público. Acobino tenía mucha claridad con eso.

-No nos olvidemos que Nerón era un actor frustrado.Su verdadera vocación era actuar cuando entonces ser actor era menos que ser esclavo. Pero a los 17 años, lo coronaron Emperador de Roma, por imposición de su madre, Agripina. Y ahí se da toda esa mezcla. Él, que había sido concebido como hijo bastardo, encerraba a su público para que lo viera y lo aplaudiera.

 

-Esa situación es ideal para crear esta obra, en tono de comedia muy sarcástica sobre el poder y la locura que genera, entre otros temas.

 

-Acobino escribía siempre comedia y además, era un gran conocedor del la Antigua Roma, era fanático del tema. Por eso describe muy bien la lógica de los personajes. Por ejemplo, había una manera de poner las manos, según la retórica y así con una cantidad de códigos como ése con una lógica propia, que nosotros incorporamos en la obra. Por ejemplo, el concepto de “deus ex machina” que era el recurso del final donde aparecían los dioses desde afuera y resolvían cualquier situación. Jugamos a aplicar todo eso para crear un mundo artificial. Al principio es como un lenguaje desconocido, pero después tiene una lógica dentro de ese mundo. Y es muy rico y expresivo desde lo creativo. Acobino vio la vigencia del tema, esa relación entre política y artificio muy claramente. Era muy lúcido, decía “la gente cree que compra cosas y en realidad, compra tiempo”.

-Finalmente se cumplió el sueño de Acobino de que una obra suya se presente en un teatro oficial.

-Sí, siempre me decía: “tenemos que hacer algo grande con esto”. De alguna manera es un homenaje póstumo. Él era un caballero, muy culto y un gran escuchador. Era poeta también y fumaba habanos. Una vez dio un taller de dramaturgia y nos pidió que le pagáramos con habanos. Es una pena que se haya ido tan joven. Nosotros queremos seguir con la obra, después de la temporada en el Cervantes, llevándola a otro teatro, en 2019.

-Este año, además de esta obra en el Cervantes, fuiste parte del elenco de un clásico como “La Tempestad” de Shakespeare, en el San Martín. No es habitual hacer dos obras el mismo año en dos teatros oficiales.

-Fue un poco casualidad. Pero este año me pasaron cosas muy especiales. Fue muy hermoso porque, entre otras cosas, a los 47 años, fui padre por primera vez. Mi hija Nuria nació en junio cuando yo estaba haciendo las funciones de La Tempestad con el personaje de Próspero. Era la primera vez que yo interpretaba a un padre en una obra de teatro. Y lo más hermoso es que Próspero deja de vengarse para darle un mundo mejor a Miranda, su hija.

Guzmán está en pareja, desde hace 20 años con Leticia González de Lellis, que es actriz. Leticia también estuvo desde el principio en el proyecto de Enobarbo. En la obra interpreta a Agripina y durante todos los ensayos y las funciones está acompañada por la pequeña Nuria en el camarín.

-Después de un año tan particular, ¿cómo encarás el próximo?

-Feliz y con muchos proyectos. Sigo grabando la serie sobre Tévez donde interpreto a Chito, el tío de Carlitos y el único que sigue viviendo en Fuerte Apache. Además de reponer Enobarbo, voy a hacer Fugaz, un espectáculo basado en improvisaciones, con Leticia, y también vuelvo con un clásico que hago hace como diez años, El Bululú.

La curiosa relación entre Nerón y su esclavo Atticus

Hasta el 9 de diciembre en la Sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes se puede ver Enobarbo, la obra de Alejandro Acobino que dirige Osqui Guzmán. El actor también forma parte del elenco junto a Manuel Fanego, Pablo Fusco, Leticia Gonzalez De Lellis, Javier Lorenzo, Fernando Migueles y Pablo Seijo.

El nombre de la obra remite al apellido de ciertas familias romanas, entre las cuales estaba la de Nerón. La acción transcurre en la Roma Imperial durante las últimas horas de vida del emperador que quería ser artista.

En tono de comedia ácida pasa su vida marcada por la personalidad dominante de su madre, Agripina, su origen bastardo y el contexto en el que ejerció su poder sobre los ciudadanos romanos que terminó trágicamente. Y sobre todo, su relación estrecha con su maestro Séneca de quien heredó al esclavo Atticus. El esclavo era un griego que se convirtió en su sirviente y más tarde, en su Ministro de Cultura.

Alejandro Acobino Se formó como actor y dramaturgo en la Escuela Municipal de Arte Dramático, EMAD. Cursó algunos años de Ciencias Químicas en la UBA. Escribió teatro, poesía y guiones. Entre sus textos se destacan Continente viril (2003), Rodando (2007), Hernanito (2010) y Absentha (2010).

Fuente: Clarín

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