Nota de opinión: La pobreza también es pandémica

En la mitología griega la pobreza era representada por la diosa Penia, ella simbolizaba la escasez y la necesidad. Por lo tanto, era odiada por los hombres (párrafo aparte merece lo “machirulo' del pensamiento de nuestros antiguos filósofos personificar a la pobreza en una deidad femenina).

Como podemos ver, la pobreza acompaña a la humanidad desde hace tiempo. Sin embargo, dado el último informe presentado por el INDEC, creo válido hacer un repaso desde la década de 1970 hasta nuestros días, porque fue una década infame para algunas democracias de América Latina y el punto bisagra en donde la pobreza y la desigualdad aumentaron considerablemente. Hasta mediados de los años 70 la pobreza en Argentina sólo significa algo marginal, tanto en números como incluso en su geografía. Esto no significa que no existiera, pero estaba localizada en las mal llamadas “villas miserias” en CABA y en barrios populares de grandes ciudades como Córdoba, Rosario o el conurbano bonaerense, producto de las migraciones internas.

Por esos años tomaba fuerza una nueva teoría económica llevada adelante por Milton Friedman y la escuela de Chicago, la teoría del libre mercado. La misma había comenzado a experimentarse en Chile a partir del 13 de septiembre de 1973 con el golpe militar al gobierno del presidente Salvador Allende. En Argentina, el 24 de marzo de 1976 producido el golpe militar, se pone en marcha el objetivo económico llevado acabo por José Alfredo Martínez de Hoz, Ministro de Economía del gobierno de facto. El mismo que había comenzado en Chile 3 años antes, que consistía en: Apertura económica: desregulación de la inversión financiera, reducción de aranceles a la importación ingreso de productos extranjeros, lo que lleva a la destrucción de la industria nacional; Modificación del ingreso: reducción del salario a través del congelamiento del mismo, devaluación de la moneda nacional, y liberación de precios (no es causualidad que entre los desaparecidos hay gran cantidad de obreros y delegados sindicales); Reforma financiera: se establecen las bases para el ingreso de capitales especulativos (Agustín Arakaki, CLACSO, 2011). Esas fueron las políticas económicas con las cuales Argentina comenzó a experimentar un crecimiento sostenido de la pobreza, la cual no volvería a bajar jamás al estado previo a la dictadura del 76.

Luego, con la caída del muro de Berlín en 1989 y el triunfo de la guerra fría por parte occidente, el liberalismo da paso al neoliberalismo de la mano del consenso de Washington y los postulados de John Williamson: Estado mínimo y desregulación del mercado, disminución del gasto público, redistribución paralela al ingreso y la teoría del derrame, desregulación financiera, tipo de cambio competitivo, libre comercio entre Naciones.

Desde la vuelta de la democracia en 1983, cada gobierno que ha intentado aplicar esas teorías económicas, ya sea gobierno radical, peronista, o de coalición (la alianza, cambiemos), y cada intento ha terminado con aumento de la pobreza, y en ocasiones con estallidos sociales como en el 2001.  Esto pareciera ser una historia sin sentido si no hubiera ganadores, claro.

Para el economista francés Thomas Piketty experto en desigualdad a nivel mundial, no se puede abordar la pobreza sin abordar la inequidad y la concentración de la riqueza. Piketty en sus estudios sobre diferentes tipos de ingresos: asalariados, independientes, jubilaciones y otras asignaciones, y rentas patrimoniales (dividendos, intereses y alquileres, etc.) muestra como la brecha entre el 10% que menos percibe en comparación al 10% que más percibe se fue aumentando de manera significativa en todo occidente desde la década del 70.

Los índices publicados por el INDEC revelan que en el segundo semestre del 2020 la indigencia llego al 10,5% de la población general, la pobreza trepo al 42%. En el universo que abarca a los menores de 14 años la pobreza llego al 57%. Si el 42% de pobreza representa un presente sombrío, el 57% de niños pobres representa un futuro sin futuro.

Como consecuencia de la crisis económica producto de la pandemia el Estado Nacional, a través del poder legislativo convirtió en ley un impuesto que grava  del 2 al 3% POR UNICA VEZ el capital de las personas que al 31 de diciembre de 2019 declararon un patrimonio superior a los 200 millones de pesos. Esto comprende a un universo de 12000 personas aproximadamente, algunas de ellas con patrimonios que rondan los 3000 millones de pesos. Sin embargo, algunas de las personas alcanzadas por este impuesto ya han judicializado la medida alegando que el impuesto es “confiscatorio”. Se me ocurre que sería legítimo que algunos de los niños que se encuentra dentro del 57% de pobreza pudiera alegar lo mismo cuando compra una cajita de leche y le cobran el 21% de IVA.

Por estos días desfilaran en los medios de comunicación economistas que intentaran parecer modernos luciendo peinados raros expresándose a los gritos sin problemas en mostrarse machistas, políticamente incorrectos, pero bajo un sentido común sui generis y libertario defenderán las ideas de los Chicago boys y del consenso de Washington. Esto se condimentará con discursos antiperonistas, anti cambiemistas, para terminar todos en el lodo de la grieta manoseados, parafraseando a Enrique Santos Discepalo.  

Considero que como sociedad, la gravedad de la situación nos demanda una discusión madura sobre la pobreza, pero también sobre la acumulación escandalosa en unos pocas manos de la riqueza. Asimismo, del futuro productivo del país, del derecho a la educación, del acceso a la salud pública de calidad y a una vivienda digna. De las nuevas tecnologías y el futuro del empleo. No obstante, hoy pareciera una quimera pensar en preparar a nuestros jóvenes para los empleos del futuro cuando el 57% de ellos se pasa el día tratando de subsistir.

   

 

Doctor Ariel Esmay

 

0
0
0
s2sdefault