El georgiano pasó del anonimato al estrellato tras su llegada al Napoli y hoy es una de las máximas figuras del PSG que intentará levantar su segunda Champions consecutiva. Sus orígenes, el vínculo con su país, su admiración por CR7 y más.

Tsalenyija, un pequeño pueblo de apenas 25000 habitantes enclavado en las montañas del Cáucaso georgiano, no solo es el lugar en que un pequeño Khvicha Kvaratskhelia pasaba los veranos junto a su familia, sino también en donde comenzó a patear una pelota, sin imaginar que se convertiría en uno de los protagonistas del PSG de Luis Enrique, un equipo de época que este sábado intentará conquistar la Champions League por segunda vez consecutiva.

“Cuando empezó a caminar, caminaba con la pelota. Cuando se dormía, dormía con la pelota”, cuenta Maka Lukava, su madre, en diálogo con The Athletic. El flechazo de Khvicha por la número cinco puede explicarse desde sus genes. Su padre, Badri, también fue jugador profesional y ocupó un rol preponderante en la carrera del segundo de sus tres hijos.

Aunque se crió mayormente en Tiflis, la ciudad que hoy está inundada con publicidades que llevan su rostro, su familia pertenece a la etnia mingreliana, un grupo étnico del oeste del país. La creatividad, la inteligencia y la integridad son algunas de las características que más distinguen a este pueblo y Khvicha las representa a la perfección, dentro y fuera de la cancha.

El altruismo y la solidaridad también son cualidades que lo definen. Cuando era niño y viajaba a disputar diversas competencias, su madre le daba pequeñas sumas de dinero para que tuviera con qué arreglárselas mientras estaba fuera de casa. Pero él lo ahorraba y lo gastaba en sus hermanos, en sus amigos o llevaba a comer a McDonald’s a alguna persona de bajos recursos.

Lejos de despilfarrar en autos de lujos, yates o fiestas, su primer sueldo acaudalado en el Lokomotiv Moscú lo destinó para cubrir los gastos de la cirugía cardíaca que su padre necesitaba para seguir con vida y que sus seres queridos no podían costear.

En cuanto a lo futbolístico, uno de sus mayores atributos es la velocidad. Pero así como hoy se lo ve desbordar y encarar a los mejores defensores del planeta, su madre asegura que desde los cinco años, cuando perseguía a su hermano mayor, Khvicha asombraba por su aceleración para correr en línea recta y su destreza para girar y moverse. De hecho, le regalaron un kimono para que practicara judo, un deporte muy veloz en el que los reflejos son fundamentales, pero estaba claro que lo de él era el fútbol.

Temur Ugrekhelidze, jefe de ojeadores del Dinamo Tbilisi fue el que lo descubrió, cuando tenía solo 10 años. “Lo que más me impactó de él fue su valentía. Cada vez que amagaba lo hacía para adelante. Pero incluso si perdía el balón cinco veces, intentaba encarar a su jugador y seguir adelante”, le confiesa a The Athletic. Su gambeta, es otra de las virtudes con las que el extremo de 25 años maravilló al ecosistema futbolístico.

Como si fuese una trama de Disney, su primer día en la academia del Dinamo coincidió con la visita de Cristiano Ronaldo, su máximo ídolo, a las instalaciones del club. Varios años después, Khvicha se daría el gusto de enfrentarlo en un campo de juego en la victoria 2 a 0 de Georgia sobre Portugal en la Eurocopa 2024, el triunfo más importante de su selección hasta el momento. Mientras sus compañeros se dejaban llevar por la felicidad y la algarabía, él se acercó a su héroe de la infancia para saludarlo.

Tras una adolescencia a la que él mismo definió como “difícil”, marcada por las dificultades económicas que atravesó su familia, su bautismo oficial con el Dinamo le llegaría a los 16 años. Luego de solo cuatro encuentros, en los que marcó un gol, se marchó al Rustavi, un equipo de menor jerarquía, con el que exhibió un buen nivel, el cual llamó la atención del fútbol ruso, más precisamente del Lokomotiv de Moscú.

Vale la pena recordar que Georgia fue una de las quince repúblicas federales que formó parte de la Unión Soviética, hasta que logró independizarse el 9 de abril de 1991. Su política exterior prooccidental generó un deterioro en las relaciones con Rusia, que desembocó en el conflicto armado ruso-georgiano en agosto de 2008 y en la continua ocupación de tierras por parte de la nación que preside Vladimir Putin.

Aunque posee poco más de tres millones de habitantes, padeció varios disturbios civiles y está inmerso en una profunda crisis política y económica, Georgia es un país que no teme luchar. “Creo que nuestra historia se caracteriza por ser un país muy pequeño, pero siempre luchamos. Juntos formamos un equipo muy fuerte. Estoy muy orgulloso de ser georgiano porque nuestra mentalidad es luchar”, confesó Khvicha en una entrevista con la web oficial de la UEFA.

La guerra marcaría el destino deportivo de Khvicha. Pero antes de eso, tras un puñado de partidos en el Lokomotiv, fue cedido al Rubin Kazan, en donde dio las primeras muestras importantes de su talento. Fue elegido como el mejor jugador joven de la liga dos temporadas consecutivas y convirtió nueve goles en 73 encuentros.

Después del inicio de las hostilidades entre Rusia y Ucrania en febrero de 2022, la FIFA anunció que todos los jugadores extranjeros en el gigante euroasiático tendrían la potestad de suspender sus contratos y unirse a nuevos clubes. Inmerso en amenazas para él y su familia, la carrera del georgiano dio un paso atrás y regresó a su tierra natal para defender los colores del Dinamo Batumi.

El efecto Kvara revolucionó la ciudad de Batumi por completo. De jugar en un estadio con capacidad para 20000 espectadores semivacío, el Dinamo comenzó a vender tickets a lo loco. Todos querían ver jugar al talento local. Gracias a su gambeta, su velocidad y su técnica privilegiada, Khvicha dejaba a todos sus rivales en el camino en el verde césped. La Erovnuli Liga, la máxima categoría del fútbol de Georgia (ocupa el puesto 50 entre 55 países del coeficiente UEFA), le quedaba chica.

“Ya sé lo que puede hacer Kvaratskhelia con balón. Lo que valoro es cómo trabaja en defensa y cómo corre para ayudar a los compañeros”, aseguró Luis Enrique sobre su número 7. (Getty Images)
A pesar de la devoción que generaba entre sus compatriotas y de que había sido incluido por el medio francés L’Equipe en el ranking de los 50 mejores jugadores nacidos en el siglo XXI, aún era un desconocido para el común denominador del planeta fútbol. Hasta que en julio de 2022, el Napoli decidió apostar por esa promesa cuyo apellido parecía impronunciable y desembolsó más de 10 millones de euros para quedárselo.

“Cuando llegó el Napoli, le dije: ‘Jugarás donde jugó Maradona, compartirás el mismo estadio, te cambiarás en el mismo vestuario. ¡Firma el contrato y vete!’”, reveló su padre, fanático del 10. No tanto como de Diego, pero en el sur de Italia se enamoraron de Khvicha.

Llegó con la compleja tarea de reemplazar a un hijo pródigo de la casa como Lorenzo Insigne, misión que cumplió con creces, ya que se erigió como una de las principales figuras del equipo que rompió una sequía de 33 años (sí, desde los tiempos de Diego) y le dio al Napoli el tercer Scudetto de su historia. Los tifosi lo bautizaron como Kvaradona.

Luego de 30 tantos y 29 asistencias en 107 presentaciones con la casaca celeste, el PSG de los petrodólares desembolsó más de 70 millones para que, junto a Ousmane Dembélé y Désiré Doué, conformara uno de los tridentes ofensivos más temidos en la actualidad.

“Mamá, todavía no hay nada que celebrar. Aún nos queda una final por jugar’”, fue la respuesta de Khvicha ante la consulta de Maka de por qué no se había unido a la euforia generalizada de sus compañeros tras eliminar al Arsenal en las semis de la Champions del año pasado, en la que luego coronaría ante el Inter. El destino y el fútbol quisieron que, una vez más, el conjunto de Mikel Arteta aparezca en su camino, pero ahora sí será en una definición. Y esta vez Khvicha sí querrá festejar.

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