Las comunidades de Goya vivieron el domingo una intensa jornada de oración, adoración eucarística y celebración de la Solemnidad de la Santísima Trinidad en la iglesia catedral, en una expresión concreta de comunión eclesial y participación, en sintonía con el camino del Sínodo sobre la Sinodalidad. La convocatoria se desarrolló desde las 15 hasta las 20 y culminó con la celebración de la Eucaristía presidida por el obispo de Goya, monseñor Adolfo Ramón Canecín.

La jornada fue presentada como un signo visible de una Iglesia que “camina unida, escucha los clamores del pueblo y se pone en salida misionera” dijo el obispo.

Durante la adoración eucarística comunitaria participaron adoradores eucarísticos permanentes, niños de la catequesis familiar junto a sus padres, difusores de Radio María Argentina, grupos de Infancia y Adolescencia Misionera (IAM) de distintas parroquias, miembros de la Renovación Carismática Católica, el grupo de oración Convivencia con Dios y numerosas comunidades, movimientos y fieles de la diócesis.

En su homilía, monseñor Canecín recurrió a la conocida tradición de san Agustín y el niño en la playa para introducir a los fieles en la contemplación del misterio trinitario. Recordó que el santo comprendió que la razón humana no puede abarcar plenamente el misterio de Dios y que éste sólo puede ser acogido desde la fe.

“El misterio más grande y profundo de nuestra fe es el misterio de Dios en sí mismo. Nunca hubiéramos podido acercarnos a él si Jesús, por amor, no se hubiera autorrevelado”, expresó el prelado.

Al recordar las palabras de Jesús a Felipe, “quien me ve, ve al Padre”, señaló que “conocer a Cristo es el camino para conocer el rostro de Dios”.

“El Espíritu Santo nos lleva a Jesús y en Jesús conocemos al Padre. En Jesús conocemos el misterio de la Trinidad”, afirmó.

El obispo evocó también una conocida expresión del presbítero Julián Zini: “Dios es Dios familia” y destaco que “la comunión es el modo de ser de Dios.

“El estilo de Dios es la familia, el estilo de Dios es la comunidad, el estilo de Dios es la Trinidad”, manifestó Canecin.

Recordó que “toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios y que, por el bautismo, esa dignidad se perfecciona al convertirse en hijo en el Hijo. Nuestra vocación es la filiación y cuando madura la filiación surge la fraternidad”, explicó.

Citó otro verso del padre Zini: “Convéncenos que, por tener un Padre Dios, somos hermanos”, y agregó “la experiencia de la paternidad de Dios conduce necesariamente al compromiso fraterno con los demás”.

Monseñor Canecín relacionó el misterio trinitario con el camino sinodal, afirmando que “la vida pastoral debe reflejar la comunión propia de la Trinidad”.

“Nuestra comprensión de la Iglesia debe reflejar nuestra comprensión de Cristo y, en Cristo, nuestra comprensión del misterio de la Trinidad”, sostuvo el obispo.

Advirtió que “una vivencia pastoral aislada o individualista desfigura el rostro de Dios. Si me corto solo o corro solo con mi grupo de forma independiente del resto de la comunidad parroquial, estoy afeando la imagen de Dios, porque Dios es sinodalidad”, expresó.

El obispo invitó a toda la comunidad a “asumir con renovado compromiso el estilo de la Trinidad como modelo de la vida eclesial. Caminemos juntos como la Santísima Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo caminan juntos. La propuesta de la sinodalidad no es un capricho; refleja el misterio de la Trinidad, donde existe una armonía total, diversidad de identidades y plena comunión”.

Monseñor Canecin concluyó “el misterio de Dios-Amor se revela como comunión de Padre, Hijo y Espíritu Santo”.-


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