Fue el Presidente el que impuso los cambios en el manejo de la Quinta de Olivos, que incluyó los despidos de una funcionaria amiga de Karina y de su cuñado, a cargo de la residencia.
Javier Calvo
Una de las evaluaciones más significativas y menos publicitadas sobre las irregularidades detectadas en el manejo de la residencia presidencial de Olivos, despidos y rumores inquietantes incluidos, es que provocó el primer cortocircuito importante entre Javier Milei y su hermana Karina.
Repasemos brevemente el episodio. La administración de la quinta depende de la Secretaría General de la Presidencia, que lidera la hermanísima. De la noche a la mañana, desde Casa Rosada se informó que se relevaba a todo el personal civil que trabajaba en Olivos y la Casa Militar, que hasta ese momento sólo controlaba la seguridad, se hacía cargo de todo.
Oficialmente se informó que los cambios obedecían a las filtraciones de información interna, una escalada de la inseguridad global y la próxima visita papal, pese a que se reunirá con Milei en la Casa Rosada y no en la residencia.
A partir de esa decisión oficial se dispararon versiones que variaron de la intranquilidad al disparate, todas difíciles de corroborar, pasando por las sospechas de posibles manejos poco transparentes de fondos públicos, sobre las que ya hay una denuncia judicial por parte de la diputada exmileísta Marcela Pagano. Lo cierto es que fue eyectado de su cargo el intendente de la Quinta, Osvaldo Sosa. A ese cargo, Sosa había llegado por recomendación de su cuñada, Belén Agudiez, muy amiga de la hermanísima que, hasta este incidente, estaba al frente de la Subsecretaría de Planificación General de la Presidencia.
Agudiez también fue despedida, aunque bajo el formato de que presentó su renuncia. La conocían como “La brujita”, porque se jactaba de leer el futuro en las líneas de las manos. En la constelación karinista hay muchas de ese tipo de estrellas. Cuidado con estrellarse.
Una de las conjeturas que deberá develar la justicia, por ejemplo, es si compras de alimentos pagadas con el presupuesto de Olivos fueron derivadas a una pyme de catering que formaron el intendente Sosa y su esposa, la hermana de la amiga de Karina. ¿Nadie del Gobierno detectó esa posible anomalía como para denunciarla y así evitar incurrir en la figura de incumplimiento de los deberes de funcionario público?
Fuentes oficiales que no orbitan alrededor del asesor Santiago Caputo, que debe disfrutar del tropezón karinista, dejaron trascender que el ahora exintendente de la residencia poco menos que se había adueñado de la quinta presidencial. Según la especie, Milei le transmitió su molestia a Karina por el descontrol reinante y le impuso los cambios, que incluyeron despedir a su amiga Agudiez y a su cuñado Sosa. La hermanísima, que siempre se resiste a entregar a los propios, aceptó a regañadientes.
De hecho, no fue una derrota total para la señorita Milei: la Casa Militar, que a partir de ahora se hace cargo de todo en Olivos, también depende de ella aunque sean militares. Karina fue incluso la que decidió poner al frente de ese cuerpo al coronel mayor Sebastián Ibañez.
Llama la atención de que Casa Militar no haya alertado a la Casa Rosada de los presuntos desbordes en la Quinta Presidencial. Fuentes castrenses expresan lo contrario: se advirtió y nadie quiso escuchar. ¿Será cierto?
Otra curiosidad es que la desorganización en Olivos haya sido, en teoría, tan tardíamente detectada por su morador principal. Milei es el presidente que más tiempo pasa en la residencia. A veces, días o semanas enteras sin salir. ¿Cómo no se dio cuenta antes? ¿O lo notó y no le dijo a su hermana? ¿O le dijo y ella evitó activar?
Preguntas sin respuesta. Por ahora.
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