Por
Emir Sader
Una derrota de tales proporciones no puede abordarse a corto plazo; ni el balance de los errores que la hicieron posible, ni las vías para superar dichos errores.
Ahora se trata de evitar que estos errores permitan que Brasil regrese a la extrema derecha, con las graves consecuencias que pagarían el pueblo y el propio país.
Se trata de elaborar rápidamente un plan de acción que permita aprovechar estas tres semanas para intentar revertir la situación, infligir una derrota a la extrema derecha y rescatar al país y al gobierno.
Pero algunas correcciones son indispensables. Sabemos que los jóvenes son los menos interesados en la política. Probablemente constituyen una parte importante de los 33 millones que se abstuvieron.
Un especialista ya había llamado la atención del PT sobre esta cuestión: cómo los temas que nos ocupan y a los que damos prioridad —con razón—, como la reelección de Lula, carecen de sentido para ellos. Forman parte de la “vieja política”. Esto da una idea de la distancia que existe entre nosotros y ellos.
Es indispensable y urgente dialogar con quienes tienen contacto con los jóvenes, con quienes poseen sensibilidad ante el problema y pueden ayudarnos a plantear —incluso en plazos breves— propuestas e iniciativas que nos sirvan de apoyo.
Un breve análisis de los resultados electorales demuestra la existencia de un fuerte sector conservador en la sociedad brasileña. Al igual que ocurre con los jóvenes, nuestro discurso no llega a ellos. Nuestra propaganda insistió demasiado en un mensaje dirigido a quienes ya están con nosotros.
Tenemos que salir de esa “burbuja”, como suele decirse. Nuestra política de masas no ha sido eficiente en este sentido. La masa a la que se dirige la extrema derecha está profundamente alienada; hasta el punto de que políticas gubernamentales con éxito económico y social —que probablemente beneficiarían a una gran parte de quienes votaron por el candidato de extrema derecha o se abstuvieron— no son percibidas por ellos de esa manera.
De tal forma que terminan actuando en contra de sus propios intereses. En este aspecto, no hemos logrado llegar a ellos ni hablar su mismo lenguaje.
Por ejemplo, ayudar a estos jóvenes a comprender que solo en democracia pueden ejercer plenamente su libertad, en todas sus dimensiones. Por lo general, son individualistas, lo que provoca que pierdan interés en la política tal como existe hoy en día.
El propio PT probablemente ha envejecido en cuanto a la edad promedio de sus miembros. Esa es la impresión que se percibe al participar en actos masivos del partido, donde los jóvenes —que deberían constituir una parte importante— son minoría. Y esto ocurre precisamente cuando aspiramos a construir una sociedad mejor, menos injusta y más democrática, contando con ellos como quienes habrán de vivir en ese mundo mejor.
En resumen, no estamos abordando aquí todas las dimensiones de la crisis actual del PT, sino únicamente aquellos aspectos que nos permitan aprovechar estas tres semanas para revertir la situación e impedir que, por errores propios, el país vuelva a caer en manos de la extrema derecha.
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