Desde la madrugada del 8 de enero, cientos de miles de fieles colmaron el remozado santuario del Gauchito Gil en Mercedes, Corrientes, en lo que constituye la devoción popular pagana más potente de la Argentina. Con el primer minuto del día, un espectáculo de fuegos artificiales dio inicio a la festividad en un ambiente cargado de fervor, música y color, marcado por las banderas rojas desplegadas al viento.
La localidad de Mercedes, donde la tradición oral sitúa en 1870 la leyenda de Antonio Mamerto Gil, se convierte cada año en el epicentro de esta explosión multitudinaria. Allí se erige la cruz de espinillo que juega un papel central en la historia del gaucho que, según la creencia, fue degollado injustamente tras desertar de la lucha fratricida entre unitarios y federales.
La leyenda cuenta que, con sus últimas palabras, “la sangre de un inocente sanará a otro inocente”, Gil profetizó un milagro que se cumplió cuando el coronel que ordenó su muerte curó a su hijo moribundo con esa misma sangre. En agradecimiento, el militar erigió una cruz en el lugar, dando origen a un santuario que no ha dejado de crecer, superando incluso intentos de derribarlo.
Los creyentes, que llegan de toda Argentina y países limítrofes, encienden velas rojas y dejan ofrendas, siguiendo rituales que incluyen tradiciones pintorescas. La festividad, propagada históricamente por la migración de correntinos y los camioneros, es un testimonio vivo de la fe popular que transforma a Mercedes en un símbolo de devoción nacional.