Un rasgo distintivo del culto a Antonio Gil es la proliferación de santuarios espontáneos en rutas nacionales, provinciales y caminos rurales, especialmente en el litoral argentino. A diferencia de los templos tradicionales, estos altares surgen sin planificación institucional en banquinas y cruces de caminos, siendo el santuario ubicado sobre la Ruta Nacional 123, cerca de Mercedes, el más visible y concurrido.
La bibliografía identifica estos espacios como formas de sacralización no institucional, surgidas a partir de relatos significativos para la comunidad y diferenciadas de los templos formales por la ausencia de autoridad central o normativa litúrgica. Se señala que los primeros altares se establecieron en el lugar tradicionalmente asociado a su muerte y luego se multiplicaron en rutas de alto tránsito.
Relevamientos realizados entre 1995 y 2024 indican que una amplia mayoría de estos santuarios se localiza en zonas de tránsito frecuente y en puntos percibidos como riesgosos. El santuario de la Ruta 123 evolucionó de un altar precario a un complejo devocional sostenido por aportes voluntarios, manteniendo su carácter no institucional.
La localización de estos santuarios responde a factores prácticos y simbólicos: visibilidad, accesibilidad y la asociación del Gauchito Gil con la protección del viajero y del trabajador itinerante en contextos de riesgo.