Durante el pico del apoyo internacional a Juan Guaidó en 2019, la administración de Donald Trump tejió una arriesgada trama secreta denominada “Operación Carvão”. El plan, cuyo nombre en portugués buscaba despistar a los servicios de inteligencia cubanos, consistía en fracturar al chavismo desde adentro mediante una deserción masiva de altos mandos militares, un movimiento que hubiera cambiado el curso de la historia sudamericana.
La pieza clave de esta estrategia fue el general retirado Miguel Ángel Rodríguez Torres, quien había sido una figura clave en el aparato de inteligencia de Hugo Chávez. En una reunión clandestina con el enviado especial de EE.UU., Elliott Abrams, Rodríguez Torres aseguró tener canales abiertos con militares activos y prometió activar una “rebelión de los soles” que dejaría a Nicolás Maduro sin su principal sostén de poder.
Sin embargo, la operación nunca se materializó. Las razones del fracaso incluyeron la vigilancia extrema del SEBIN y la inteligencia cubana sobre oficiales sospechosos, las dudas sobre la influencia real de Rodríguez Torres y el temor a brutales represalias por parte de los militares que supuestamente participarían. El plan se archivó como uno de los intentos más audaces pero fallidos de la era Trump.
Finalmente, Rodríguez Torres fue encarcelado por el régimen de Maduro y posteriormente enviado al exilio. La revelación de estos detalles subraya la complejidad de la crisis venezolana, donde detrás de la retórica pública se jugaba una partida de ajedrez en la sombra que demostró que el poder real residía en el control de los batallones.