Monseñor Adolfo Canecín, obispo de Goya, presidió al amanecer la misa central en el corsódromo de la ciudad de Mercedes (Corrientes), dirigiendo un mensaje a los jinetes y fieles que se preparaban para partir hacia el predio de la Cruz Gil. En su homilía, reflexionó sobre el amor de Dios, quien “por amor vino, por amor murió, resucitó y nos liberó del pecado”, y subrayó que la respuesta que el Señor espera es un amor pleno, “con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu”.
El obispo insistió en la inseparable conexión entre el amor a Dios y el amor al prójimo, afirmando que no se puede amar a uno sin amar a los otros. En este marco, presentó a la cruz como el signo que resume el mensaje de la Biblia, simbolizando tanto la iniciativa divina como la respuesta humana. Dirigiéndose a los devotos, los animó a llevar la fe al corazón y a la vida concreta, evocando un canto popular: “Al pecho llevo la cruz y en mi corazón lo que dice Jesús”.
En sintonía con el magisterio del Papa Francisco, Mons. Canecín invitó a meditar las Bienaventuranzas como camino de felicidad y recordó el juicio final descrito en Mateo 25, que se basa en las obras de misericordia. “Ñande Yara, nuestro Dios, tiene buena memoria: tuvo hambre y le diste de comer… lo que hiciste al pobre, a mí me lo hiciste”, expresó, utilizando el guaraní para conectar con el sentir del pueblo.
La celebración, concelebrada por varios sacerdotes y con la presencia de seminaristas, concluyó con la bendición de los peregrinos y jinetes que iniciaron su marcha portando la cruz. Mons. Canecín alentó a los fieles a asumir como lema de vida la síntesis de su carta pastoral, elevando una oración por todos los redimidos en el madero sagrado.