En los últimos días, en el cementerio Corpus Christi de Bella Vista, se realizó un homenaje musical a don Pirito en la fecha de su partida, donde el chamamé ocupó un espacio poco habitual pero cargado de sentido. La despedida tomó forma a través de acordes y voces que acompañaron un momento íntimo, lejos de los escenarios tradicionales y con gestos simples.
La música litoraleña, presente desde los primeros compases, funcionó como un lenguaje compartido frente a la ausencia, sin discursos ni estridencias. Este gesto no buscó solemnidad ni despliegue, sino que la elección del cementerio, el día señalado y la música signaron una despedida directa, profundamente relacionada con la identidad de don Pirito y su recorrido dentro del chamamé.
Entre cruces, tierra y recuerdos, las melodías ofrecieron un abrigo simbólico a los presentes. En Bella Vista, el chamamé demostró una vez más su profundo arraigo, encontrando espacio incluso en un contexto de dolor para acompañar una despedida con el respeto y el recogimiento que merece.
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