Hoy se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de una figura fundamental y, a veces, discretamente ubicua, en la historia del chamamé: Efraín “Ernesto Dana” Maidana. Nacido en Goya, Corrientes, un 23 de enero de 1921, su vida fue un cauce doble por donde fluyeron, con igual fuerza, la música que lo inmortalizó y la palabra escrita que documentó el alma de su tierra.
Su trayectoria artística es un mapa sonoro del género. Luego de iniciarse como cantante en Buenos Aires, su regreso a Corrientes en 1945 marcó el verdadero comienzo. En la mítica pista “Punta Tacuara”, nació el seudónimo que lo acompañaría en los escenarios: “Ernesto Dana”, sugerido por el presentador Francisco Busso Arias. Bajo ese nombre, se erigió como una voz señera. Fue solista de la Orquesta de la Provincia dirigida por Naúm Salis, compartiendo cartel con una joven Ramona Galarza, y fue pilar fundacional de conjuntos vocales esenciales como el Coro Polifónico de Corrientes, junto a Horlando de Biassi.
Sin embargo, es en la faz de compositor donde su legado adquiere una resonancia imborrable. En colaboración con el guitarrista entrerriano Tomás Alarcón, Dana forjó un cancionero que se entrelazó con la identidad correntina. Obras como “Acuarela de mis pagos”, “Al trotecito”, “El boyerito” y “Corazoncito” forman parte del repertorio clásico. Pero hay una que se alza sobre las demás, un rasguido doble que se convirtió en himno sentimental: “Mi saladeña”.
Esta pieza, que evoca con nostalgia y belleza a la mujer de la Saladía (región de esteros y lagunas), trascendió al autor. Fue grabada e interpretada por los pilares del género: desde el legendario Ernesto Montiel y su conjunto Cuarteto Santa Ana, pasando por Los Hermanos Cena, hasta las voces consagradas de Ramona Galarza y Gregorio de la Vega. “Mi saladeña” es, hoy, patrimonio emocional de todo litoral.
Paralelamente, el hombre detrás del artista, Efraín Maidana, desarrolló una intensa y erudita labor periodística y literaria. Con su nombre real, colaboró en diarios y revistas, y en la década del 80 fundó la revista “Riovivo”, una publicación costumbrista dedicada a rescatar y celebrar las tradiciones regionales. Esta doble vida –creador desde el escenario y cronista desde la página– lo define como un intelectual completo, comprometido con la preservación y difusión de su cultura.
Efraín Maidana falleció en Corrientes el 11 de noviembre de 1992, pero su obra permanece más viva que nunca. Cada vez que un acordeón llora los compases de “Mi saladeña” o un coro entona sus estrofas, renace el espíritu de aquel goyano que, con poesía en la pluma y melodía en el corazón, supo cantarle al paisaje y al alma de su gente.
Imagen generada con inteligencia artificial a partir de una fotografía de archivo. Dirección artística y prompt: ChatGPT (OpenAI)
Fuente consultada: Mendoza, R. O. (2020). Arqueología de la literatura correntina III (M. D. González, Ed.). Goya: Damián De Marco.

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