La devoción al Gauchito Gil presenta una distribución social y confesional amplia, cuestionando su asociación exclusiva con sectores marginales o rurales. En los santuarios conviven personas con distintas trayectorias sociales y religiosas, lo que da cuenta de un fenómeno religioso-popular heterogéneo.
La religiosidad popular opera como un espacio híbrido entre la religión institucional y prácticas simbólicas autónomas. La cobertura periodística muestra que este culto no reemplaza necesariamente al catolicismo, sino que suele superponerse a él, desarrollándose en un marco de tolerancia social y regulaciones municipales variables.
Si bien existen relevamientos cualitativos que describen diversidad de perfiles entre los devotos, no se dispone de estadísticas representativas que permitan establecer porcentajes precisos de adscripción religiosa u ocupacional. La evidencia disponible es mayormente descriptiva y exploratoria.
En conjunto, los datos permiten afirmar que la devoción al Gauchito Gil es socialmente transversal y no monopolizada por un único grupo, aunque las caracterizaciones cuantitativas deben ser tomadas con cautela.