Un 17 de junio falleció el General Martín Miguel de Güemes: el héroe norteño

Fue amado y odiado, apoyado y combatido; soñó, luchó y dio su vida por la América  libre del poder  español. Morir por  la  patria fue su  gloria,  éste fue Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero de Goyechea y la Corte.

Nació en Salta, el domingo 8 de febrero del año 1785.  Sus padres fueron don Gabriel de Güemes Montero, funcionario español de la Corona, y María Magdalena de Goyechea y la Corte, dama salteña. Estudió en su ciudad natal con maestros particulares y a los 14 años ingresó al Regimiento Fijo de Infantería, en la filial de Salta. En 1805 fue trasladado a Buenos Aires. Al año siguiente combatió en la Reconquista de la misma, que había sido invadida por los  ingleses.  En  esas  circunstancias  fue  protagonista  de  un  hecho  insólito, cuando comandando un pelotón de Húsares se adentró a caballo en el Río de la Plata y obligó a rendirse al navío británico Justine, que había encallado frente al puerto de la ciudad.

Ante la noticia de la muerte de su padre, y por haber enfermado de la garganta, regresó a su provincia natal en 1808. Tras los sucesos de la Revolución de Mayo,  se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las  tropas victoriosas en Suipacha. Regresó a Buenos  Aires, por  orden y pedido de Manuel Belgrano y en 1813 colaboró en el sitio de Montevideo, cuya acción le valió para recibir el grado de teniente coronel.

En 1815 volvió definitivamente a Salta y por pedido de San Martín se colocó

al frente del Ejército del Norte, principal resistencia a los realistas. El 15 de mayo del mismo año fue electo Gobernador Intendente de su provincia. Dos semanas más tarde se uniría en matrimonio con Carmen Puch, madre de sus tres hijos: Martín, Luis e Ignacio.

Por disposición del General Güemes, en carácter de Gobernador Intendente

de la provincia de Salta, en Oficio del 12 de septiembre, se creó la División

Infernal de Gauchos de Línea, cuyo fundamento fue que convenía reunir en un cuerpo orgánico a los gauchos, que hasta ese entonces habían combatido en forma desinteresada por la libertad de la Patria.

El ejército infernal se ponía en marcha. No había leva forzosa, todos eran

voluntarios. Desde los más jóvenes que apenas podían montar hasta los veteranos baqueanos, desde las mujeres que funcionaron como espías, hasta los curas gauchos que usaban sus campanas como alarma ante la presencia del enemigo. Todo un pueblo en armas. Machetes, lanzas, azadas, boleadoras y unos pocos fusiles y carabinas eran las armas de aquel pueblo que aprendía junto a su jefe que estaban solos para enfrentar al ejército realista.

En el año 1817 fue ascendido al grado de Coronel Mayor por Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, decisión que fue apoyada por José de San Martín y Manuel Belgrano, gracias a los valores militares del gaucho salteño.

Pronto comprendió que tendría que arreglárselas solo para cumplirle al único jefe que reconocía: don José de San Martín, quien tendrá permanentes expresiones de elogio y gratitud para con Güemes y sus gauchos. Su vital tarea de contención y distracción de las tropas españolas resultó imprescindible para encarar el cruce de los Andes y desarrollar con éxito la campaña libertadora.

Dos años más tarde, en 1819,   Güemes y sus hombres harían frente a una nueva invasión realista, pero esa vez la condiciones serían adversas: ya no contaba con el apoyo del Director Supremo de las Provincias Unidas, José Rondeau,  y la guerra, los campos arrasados y la interrupción del comercio con el Alto Perú habían dejado a la provincia en la miseria. Al mismo tiempo, las clases altas de Salta comenzaban a quitarle su apoyo.

El 7 de junio de 1821 una partida española entró por sorpresa en la ciudad de

Salta y produjo una emboscada. Se cerraron todas las salidas y esquinas de la

plaza y Güemes sólo pudo montar en su caballo y saltar por sobre dos pelotones enemigos, pero fue alcanzado por una bala que provocó, su herida de muerte. Pocos días después recibió a dos oficiales realistas que le ofrecieron trasladarlo a Buenos Aires, donde recibiría el mejor tratamiento, con la condición de ordenar el  alto  el  fuego  contra  los  realistas.  Sin  responder  a  los  enviados  y  en  su presencia, Güemes reunió a sus oficiales y les pidió que jurasen que nunca aceptarían  ningún  tipo  de  trato para  beneficiar  al  enemigo  en  suelo  patrio; pedido que fue respondido con el entusiasta juramento de los oficiales y gauchos salteños.

Después de diez días de sufrimiento, el domingo  17 de junio de 1821, Güemes murió en la Cañada de la Horqueta rodeado de sus gauchos, con solo 36 años de edad. Sus restos fueron sepultados en la capilla de El Chamical al día siguiente, pero el 14 de noviembre de 1822 los trasladaron a la antigua Iglesia Matriz. Por fin, el 20 de noviembre de 1918 sus restos fueron colocados en el Panteón de las Glorias del Norte, en la Catedral de Salta.

"Voy a dejarlos, pero me voy tranquilo, porque sé que tras de mí quedan ustedes, que sabrán defender la patria con el valor del que han dado pruebas” fueron las palabras finales, de aquel hombre cuyo valor por la libertad de su pueblo fue innegable. Luchó desinteresadamente por la consolidación de la independencia desde 1810 y hasta su muerte, evitando que las cruentas invasiones realistas llegaran a Buenos Aires y recuperaran el poder. Ninguna invasión logró superar la heroica defensa que realizó Güemes con su guerra de guerrillas.

Hoy, desde la Asociación Belgraniana de Goya, queremos rendir homenaje a

Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero de Goyechea y la Corte, el héroe norteño.

Prof. Roque Rojas

Integrante de la Asociación Belgraniana de Goya

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