De los Granjeros por las Monarcas al Hotel de Insectos: iniciativas innovadoras de allá y de acá

La preservación de poblaciones de polinizadores e insectos benéficos es clave para una productividad sustentable. Ideas de productores estadounidenses y argentinos que vale la pena replicar.

Para los agricultores y ganaderos, priorizar la sostenibilidad se extiende mucho más allá de su propia tierra. Con esa premisa, entre los productores estadounidenses nació una iniciativa que podría ser replicada en el plano local en la búsqueda de fomentar la biodiversidad en el ambiente productivo. Se trata de “Farmers for Monarchs”, en castellano, Granjeros por las Monarcas. Es un esfuerzo de colaboración que incluye a agricultores, ganaderos, propietarios de tierras, investigadores, instituciones académicas, agencias gubernamentales, conservacionistas y empresas que trabajan dentro de la cadena de suministro agrícola en la conservación de la mariposa monarca, uno de los principales polinizadores de esas tierras, también presente en la pampa húmeda.

Esta es la idea básica: el aumento de las plantas de néctar y algodoncillo en las zonas rurales de Estados Unidos puede beneficiar a las mariposas monarca sin inhibir la producción de alimentos y fibra, aseguran voceros de la iniciativa, y agregan que como administradores del medio ambiente en gran parte del corazón de los Estados Unidos, los agricultores y ganaderos están en una posición única para apoyar a las poblaciones monarcas sostenibles. “Promover iniciativas de conservación que beneficien los hábitats de los polinizadores es lo mejor para las operaciones agrícolas”, afirman.

En términos más concretos, lo que se está haciendo es proteger, restaurar y establecer algodoncillo nativo y otras plantas de néctar. Para esto es clave la colaboración entre entidades públicas y privadas. La empresa conjunta Monarch se asoció con el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos para organizar una serie de seminarios web sobre biología, monitoreo y conservación de la monarca. Por su parte, la Universidad Estatal de Iowa alberga una aplicación llamada HabiTally que permite a los usuarios ingresar datos sobre los esfuerzos de conservación en sus granjas o en sus patios, o incluso en lugares como iglesias o parques donde los grupos locales pueden haber creado un nuevo hábitat de monarca.

Y para sumar un actor clave y poderoso a este entramado, en febrero, la organización de productores de maíz “Nebraska Corn” se asoció con la Asociación de Combustibles Renovables de Nebraska y la organización conservacionista Pheasants Forever, Inc. para anunciar un proyecto piloto diseñado para proteger y expandir hábitats para polinizadores críticos. Las plantas de etanol que participan en el proyecto piloto organizarán talleres para educar a los agricultores locales sobre la protección y expansión de los hábitats de polinizadores en sus tierras.

La idea es fácilmente replicable en el ámbito local, donde hay cientos de productores y organizaciones intentando buscar herramientas para hacer más sustentable a la producción.

Una novedad local

En el sur de Córdoba, el asesor Lucas Andreoni está permanentemente alerta en busca de herramientas que le permitan hacer un abordaje más sistémico de la producción agropecuaria. En esa búsqueda logró en los últimos años grandes avances en materia de cultivos de servicios, haciéndolos incluso en verano y con muchas especies que se complementan en sus funciones biológicas. Competencia contra las malezas, mejor manejo de la humedad, mejoras en la estructura del suelo… Son muchos los beneficios que trae aparejado el aumento de la biodiversidad. La creación de corredores biológicos y paisajes multifuncionales fue un paso más en ese camino, y ahora, para sumarle fauna a la flora, Andreoni anda con la camioneta de acá para allá instalando “hoteles de insectos”.

¿De qué se trata? Son módulos compartimentados en los que el ingeniero pone ramas, troncos, cortezas y otros restos de diversas especies y formas, donde las avispas, los abejorros y otros insectos y polinizadores encuentren un lugar confortable para su reproducción.

“No es nada nuevo, se usa muchísimo en las huertas y tuve la posibilidad de verlo en Alemania, pero ahora lo estamos llevando a la producción extensiva. Se trata de generar el espacio para que los insectos tengan su lugar en el sistema para empezar a medir el impacto que tiene”, explica.

Andreoni ya está cerrando filas con investigadores del Conicet y de la Universidad de Córdoba para la medición de ese impacto. “Cuando hay gran cantidad de polinizadores, los aumentos de rendimiento en los lotes pueden llegar al 30 por ciento. El tema es pensarlo siempre como un sistema, hay que dar los espacios para que la biodiversidad se pueda expresar. Los servicios ecosistémicos se han degradado, los hemos dejado de lado en la agricultura y tienen un valor central”, afirma.

Fuente: Infobae

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