Proponen llamar «Julián Segovia» a un pasaje del centro goyano

La concejal Lorena Pérez Carballo con apoyo del bloque del Frente de Todos presentó este miércoles un proyecto para imponer el nombre de Julián Segovia al pasaje ubicado en calle Belgrano a la altura Nº549 entre calles San Martín y Alvear. Aquí te contamos su historia y los méritos que fundamentan este reconocimiento.

Catalino Julián Segovia nació en Colonia Timbó, Departamento de Goya, el 12 de junio de 1968. De condición muy humilde, es el último de tres hermanos y el primer miembro de esa familia en alcanzar el nivel de instrucción universitaria. Fueron sus padres Lucía Bernardina Fernández y Julián Segovia, quienes trabajaban en su chacra como pequeños productores de tabaco y otros cultivos de la zona. Ambos eran guaraní-hablantes y les transmitieron esta lengua a sus hijos, desde la cuna.

Su alfabetización fue tardía, a los 9 años, en la Escuela rural Nº35 del Departamento de Goya. El ingreso a la secundaria tuvo lugar a los 19, en el Centro de Educación y Capacitación Agropecuaria (CECA), anexo al Colegio «Juan Eusebio Torrent». Estudiaba al tiempo que trabajaba en tomateras de distintas chacras de Goya, distancias que recorría a diario montado en su bicicleta. También durante varios años hizo de chofer de remises.

Su formación como maestro de grado se desarrolló en el IFD Mariano I. Loza, de Goya, del que egresó en el año 2001.

En la década del noventa había comenzado a trabajar como perito agrónomo en una escuela de campo, tarea que nunca abandonó, que últimamente ocupaba sus siestas, y que según decía «disfrutaba mucho porque sentía que lo desestresaba». La última escuela rural en la que prestó servicios se encuentra en el Paraje Remanso (Nº733). Además, ejerció como docente de nivel secundario en el Colegio «Sagrado Corazón de Jesús», y en el nivel superior, en varias tecnicaturas del «Instituto Superior Goya».

El título de abogado llegó a los 39 años. En 2007 egresa de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (Centro de Extensión Goya). En el año 2009 ingresa a la Fundación Infancia Robada, donde se desempeña como asesor jurídico. Desde esta Fundación, atendió ad honorem innumerables causas, muchas de ellas vinculadas con el abuso sexual, además de otras relacionadas con el derecho de familia.

En el año 2011 y posteriormente en 2012, tres niños de la localidad de Lavalle fueron intoxicados por el efecto de agroquímicos de una finca lindera a sus viviendas. Dos de ellos fallecieron —Nicolás Arévalo y Kily Rivero—; Celeste Estévez sobrevivió con secuelas. Aunque no era nada fácil enfrentar al poder económico-político-judicial, Julián eligió ponerse la causa al hombro como abogado querellante. Tal vez su extracción humilde fue lo que hizo que abrazara la causa de Nico, Kily y Celeste con tanta convicción y pasión. Fueron años de dedicación, estudio, investigación para que estas causas no quedaran impunes.

Como abogado de la familia Arévalo, Julián intervino en las audiencias del debate oral y público que tuvieron lugar en el Tribunal Oral Penal de Goya entre noviembre y diciembre de 2016. El fallo del tribunal de Goya absolvió al productor hortícola Ricardo Prieto, acusado del homicidio culposo de Santiago Nicolás Arévalo, de 4 años, y de las lesiones severas sufridas por Celeste Estévez, de 6 años. Que, sin embargo, el 1º de noviembre de 2018, la Corte Provincial resolvió hacer lugar al recurso de casación que había sido interpuesto tanto por la Fiscalía como por el querellante conjunto, Abogado Julián Segovia, en la causa en que fuera absuelto el productor antes mencionado de los delitos de homicidio culposo y lesiones culposas de los dos niños de Lavalle.

Julián Segovia llegó a conocer la noticia de este logro, producto en gran medida de su denodado esfuerzo, cuando ya estaba atravesando el duro proceso de una enfermedad contra la que batalló con toda la garra y el optimismo que siempre le puso a la vida, aunque tristemente le tocara perder la batalla apenas a los dos meses.

Dice Meche Méndez, amiga de la familia Segovia, que «la muerte como parte de la vida e irreverente como suele ser, sin permiso, nos sorprende cuando se le antoja y, lamentablemente a menudo nos resulta muy temprana e injusta, muy injusta, como en el caso de Julián, apenas a los cincuenta años», el 16 de enero de 2019, en la ciudad de Corrientes.

Como parte de este duelo inesperado, nos consuela pensar que algo de cierto tiene el pensamiento de Isabel Allende: «La muerte no existe, la gente solo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo».

Por eso no tenemos dudas de que cuando el dolor profundo de la pérdida física se vaya disipando, Julián Segovia será recordado como un ser humano sensible, comprometido, afectuoso, que trabajó con una enorme vocación por la defensa de los legítimos derechos de las personas más humildes, más sencillas y más vulnerables.

Luchó esforzadamente y con gran convicción durante largos años para que un sistema de envenenamiento sistemático tuviera su merecida condena, a través de la causa conocida como las tomateras de Lavalle.

Julián Segovia había comenzado a convivir desde el año 2001 con Gabriela González Sandoval en el domicilio ubicado en un pasaje a la altura de la calle Belgrano Nº546 de Goya. De esta unión nacieron sus hijos María Candelaria y León Francisco. Como dicho pasaje público no posee ninguna denominación, se propone la imposición del nombre Julián Segovia, con el propósito de honrar la memoria, y en reconocimiento a la vida y obra de este goyano ejemplar.

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