Sexo y género: Seis colores, ninguna etiqueta.

“¿Alguna vez pensaron qué pasa dentro de otro cuando se siente distinto de cómo es percibido por el mundo?”. Compartimos parte de la pieza oratoria de Catalina Duarte, ganadora en el nivel secundario, del XVII Certamen de Oratoria organizado por el Rotary Club Goya y realizado el jueves pasado en el Instituto Santa Teresa de Jesús.

¿Alguna vez pensaron qué pasa dentro de otro cuando se siente distinto de cómo es percibido por el mundo?, ¿Y si además escuchamos rumores que aseguran que ese otro tiene actitudes diferentes a las instauradas?, ¿Y si le atraen actividades que están vinculadas al sexo opuesto?, ¿Y si lo oímos decir que sus pies grandes son su gran complejo desde la infancia, que desearía tenerlos pequeños y delicados?,¿Y si lo vemos vestirse de una manera que no es la socialmente establecida como “normal”?, ¿Y si su voz es más gruesa de lo que esperábamos de una mujer o más aguda de la de un hombre?, ¿Algo de esto les suena familiar?, ¿Qué hay detrás?.

Para empezar, es fundamental reconocer aquello que sostiene el binarismo heterosexual como la clasificación del sexo y el género en dos formas distintas y complementarias de masculino y femenino donde, "sexo", "género" y "sexualidad" se asumen como alineados; por ejemplo, a un hombre se le supondría como masculino en aspecto, cuerpo, carácter y comportamiento, y experimentando una atracción heterosexual por el otro género (las mujeres). Pero, como esta clasificación no abarca a individuos que nacen con órganos reproductivos intersexuales y excluye a todos aquellos que se identifican como lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, es necesario ir más allá de lo aquí establecido.

 Cuando la gente cuestiona a la juventud actual y nos tilda como “perdidos” o “rebeldes”, no considera la revolución interior o el proceso de formación que nosotros mismos estamos transitando.

¿Quiénes somos? ¿Qué sentimos? Son algunos de los interrogantes que nos invaden llegada la adolescencia y nos produce un “desequilibrio emocional”; al no encontrar respuesta, o aún más complicado, tener la respuesta, pero no darla a conocer por miedo a los prejuicios instaurados en esta sociedad, donde la ausencia de educación sexual, no permitió, a muchas generaciones, abrir la mente en cuestiones de género y sexualidad, lo que conlleva a la falta de tolerancia hacia las personas que tienen una elección distinta a la tradicional(hombre-mujer).

Es así como hace años, el estigma y la discriminación a los que se enfrenta la comunidad LGTBI(Lesbianas,Gays,Transexuales,Bisexuales,Intersexuales)hace que se encuentren en situaciones, donde no solo quedan expuestos socialmente, sino donde muchas veces peligra su vida; una de ellas es la trata de personas, en la modalidad de explotación laboral y sexual, según el informe anual realizado por el Observatorio de Crímenes de Odio LGBTI perteneciente a la Defensoría LGBTI, dependiente del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, durante 2017 se registraron 103 crímenes de odio motivados por la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género.

En fin, para cerrar este complejo tema, que aún es tabú en las sociedades conservadoras, tenemos que tener presente, la relevancia de la enseñanza de educación sexual en las escuelas, desde la edad temprana, para que todos puedan crecer con la seguridad de que no serán rechazados por sus padres o juzgado por sus pares, si descubren que pertenecen a determinada orientación sexual, o si se sienten distintos al cuerpo con el que nacieron, para que nadie deba mantener en secreto su elección, y que todos juntos entendamos que el amor es amor, que debajo de nuestra piel no existen razas, religiones, ni prejuicios; el amor no tiene género, así que admirémoslo en todas sus formas, porque no importa a quien amemos mientras sea amor lo que haya en el corazón.

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