La Historia no miente

Columnas | El 26 de julio de 1890 estallaba en Buenos Aires la Revolución del Parque, también llamada del 90, que terminaría con las corruptelas y la especulación del gobierno de Juárez Celman. Hipólito Irigoyen escribía en un manifiesto de la Unión Cívica: “No derrocamos al gobierno para separar a hombres y sustituirlos en el mando...

lo derrocamos para devolverlo al pueblo a fin de que el pueblo lo reconstituya sobre la base de la voluntad  nacional”. En rigor, la revolución  no triunfó pero  como dijo Carlos Pellegrini “la revolución está vencida pero el gobierno ha muerto”. Juárez Celman debió renunciar. Es importante consignar que en 1891, a raíz del pacto de Mitre (que integraba la Unión Cívica con Leandro N. Alem e Irigoyen) con Roca se rompe  dicha Unión Cívica.  Alem encabezó a partir de allí  lo que llamó Unión Cívica “Principista”, pues no renegaría de sus principios, pero el nombre que quedó fue el que le pusieron sus adversarios políticos: radicales. Acababa de nacer  la Unión Cívica Radical a la que Irigoyen dedicaría toda su vida. En 1893 Don  Hipólito vuelve a encabezar una revolución para imponer limpieza en los comicios. Vence en  La Plata  pero no quiso que corriera sangre: las armas eran para disuadir, no para matar. La historia posterior la sabemos todos. Sufragio universal por la Ley Sáenz Peña, dos Presidencias de Irigoyen y derrocamiento y cárcel. | InfoGoya

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Dos reflexiones surgen espontánea e inmediatamente: Irigoyen fue revolucionario frente a los que se llamó la “oligarquía terrateniente”. Y segundo, su causa fue la causa del pueblo.  RADICALMENTE irreductible. Y esto en relación al comportamiento de quienes hoy se dicen sus seguidores y que lejos de romperse y no doblarse se han vuelto genuflexos de los poderes del privilegio nacional atado al poder foráneo.

Y si sumamos al legado político de Alfonsín, la conclusión se hace más actual y evidente. Y pruebas al canto. Perder elecciones si la sociedad se derechiza, Macri es el límite. Y su lucha contra la SR, Clarín y las corporaciones. y la defensa irrestricta de la soberanía nacional. Y cuando el stablishmen le hizo imposible gobernar prefirió delegar el gobierno antes que causar daños al país y al pueblo.

Atendiendo a esa lección de civismo de los íconos que los radicales invocan siempre, resulta inexplicable el alegato de sus actuales dirigentes que llaman al continuismo del actual gobierno de élites económicas y entreguistas del patrimonio nacional y popular.  Concretamente, el discurso del intendente Osella Balestra resulta incomprensible. No es “pincipista” como Alem e Irigoyen pues proclama  su dependencia total del gobierno nacional que ha incrementado la pobreza y ha endeudado al país como nunca en el más breve tiempo. La educación y la salud constreñidos a los presupuestos más irrisorios, alimentos y servicios esenciales inalcanzables para la mayoría de la población. Dólar, leliqs, inflación  etc. Y en cuanto a los correntinos el riesgo de pérdida del acuífero guaraní y esteros del Iberá, como Vaca Muerta en el sur.  Etc. Etc. Y si bien hoy se hacen algunas obras, bienvenidas sean,  el Plan Belgrano revistando  Osella Balestra como  Ministro de Industria, Trabajo   y no sé que más, jamás movió un dedo por las defensas frontales de Goya, la Terminal de Omnibus, Playa de Transferencia de cargas etc. Obras fundamentales para nuestra ciudad, entre otras. Y acusa discriminación durante el gobierno nacional anterior pero no recuerda  cuando, estando él integrando el gabinete provincial en Corrientes, a Goya le retaceaban la coparticipación que le correspondía.

Y volviendo a los “principios”, donde habrán ido los proyectos de Alfonsín que adhirió a su partido a la Social Democracia, cuando en los afiches aparecía con un claro gesto hacia la izquierda?  Evidentemente,  sus supuestos herederos perdieron dichos principios o perdieron la memoria. Lo que está claro como lo evidencian los hoy conductores, en Goya el intendente Osella Balestra, ubicados por estos días  a la derecha de la derecha corporativa, elitista, excluyente y  extranjerizante, han perdido el rumbo.

Resulta ofensivo que prometan paz social quienes cierran fábricas y pymes, destruyen fuentes de trabajo y aumentan la desocupación y la pobreza, persiguen a quienes quieren manifestarse libremente, a medios de comunicación, quitan remedios a los jubilados y tantas cosas más que conducen al conflicto y la marginación. Los conforma marchar a la zaga de la troupe de un supuesto cambio a favor de encumbrados y poderosos. Más que cambio, retroceso a los tiempos coloniales. Aunque los hilos los manejan hoy  otros más duchos y más crueles. Precio y premio a su desmemoria. Aunque  su negación a una historia partidaria gloriosa suponga cambiar los fundamentos y principios que constituyeron la razón de ser de su partido que tuvo su génesis revolucionaria y popular. Claramente también los tiempos han cambiado llevándose, en algunos casos,  la identidad política y la moral y  ética públicas.

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