Un goyano es dueño y restaurador de un legendario castillo en la campiña francesa

GoyanosPorElMundo Oscar Rinaldi nació en Goya, vivió en  Buenos Aires,  Nueva York y Londres. Instalado en la capital  inglesa, estudió diseño en London College of Fashion y creó su marca de corbatas de moño. Hoy, se dedica a la restauración y el diseño en el  Chateau De Belebat, castillo histórico ubicado en la campiña francesa. Conocé la historia de desafíos y logros del talentoso goyano. InfoGoya

Nació en una familia pequeña formada por Roma López Tieri y  Mario Rinaldi, con un hermano y su única hermana, María Blanca. La formación primaria transcurrió en la Escuela Normal y la secundaria en el Colegio Nacional.

Sobre las primeras etapas de su vida, atravesadas por  el amor y la intolerancia, cuenta: “Mi vida en Goya  fue muy linda, una vida de pueblo, con momentos difíciles. Mi infancia  y adolescencia estuvieron marcadas por personas que se cruzaban la calle para gritarme o que llamaban a mi casa para insultarme por mi homosexualidad. En ese contexto, que no permití que me condicionara la vida, el amor y el acompañamiento de mi familia fueron  gran pilar. La condena social no fue fácil de aceptar pero me hizo mucho más fuerte. Los niños y los jóvenes le encuentran  la vuelta  para terminar felices el día,  y esa experiencia  me hizo lo que soy hoy. Para mí, lo más importante de comentar esto es la posibilidad de que a alguien que lo esté padeciendo, le sirva”.  

Sus amigas de toda la vida, Guillermina Rivolta, Sofía Brambilla, Guillermina Flores y Paula Vargas,  fueron compañía incondicional; y la presencia de la profesora Liliana Lupani, fue un manto que lo resguardó en muchos momentos complejos.

 Convencido de que cada desafío es prueba a superar, dice: “En el Colegio Nacional  fuí presidente del centro de estudiantes durante 3 años, ahí organizábamos distintas actividades y ganamos premios con una variedad de obras artísticas. Siempre me interesó lo visual,  quería diseñar ropa o ser arquitecto”.

Con la experiencia de saber que el mundo no siempre era un lugar amplio y agradable pero con la convicción de que cada vivencia potencia lo que podemos llegar a ser, se dió la primera experiencia fuera de Goya.

“Me mudé a Buenos Aires y  me inscribí en la UBA para estudiar arquitectura. Me encontré con un mundo nuevo frente a mí, al que no tenía que pedirle permiso. Salí de la carcasa, me descubrí y en ese proceso pasé años. Cursé en la facultad unos años y en un momento me dí cuenta que tenía que hacer lo que siempre quise. En esa búsqueda, través de una amiga que vivía en Milán, empecé los trámites para instalarme en la ciudad”.

Los preparativos avanzaban pero el destino tenía otros planes.  Ese verano de 2006 conoció al especialista en marketing,  Jeff Zeidman, con quien empezó una relación que cambió el destino del próximo lugar de residencia. Con todo listo para vivir en Italia,  finalmente la magnífica Nueva York le abrió sus puertas.

“En marzo fui a N.Y y en junio volví a desmantelar el departamento. Viví en la ciudad un año y medio con  Jeff. Nos casamos el 17 de mayo de 2008 en una casa de playa en Massachusetts”. 

Pero el cambio significativo no sería Nueva York sino Londres: “En julio de 2008 nos mudamos a Londres y en septiembre empecé a trabajar como vendedor en un local  de productos de cocina, un espacio que era un clásico en la ciudad. Estuve un tiempo muy breve en el sector de ventas y empecé a diseñar y armar las vidrieras, de ese local y de otros dos que tenía la marca. Esa navidad estuve a cargo de  todos los diseños navideños de la empresa. Unos meses después  me ofrecen estar a cargo de todas las vidrieras del grupo empresarial, el que controlaba el 80 %  de todo el comercio gastronómico en la emblemática ciudad inglesa.  Empecé también a decorar eventos para distintas marcas que se vendían en los locales”.

Mientras los proyectos laborales se encausaban hacía lo soñado desde Goya, en septiembre de ese año, ingresó al London College of Fashion. El estudio de diseño en el centro universitario que forma parte de la Universidad de las Artes de Londres, no fue lo esperado y  llegó la decisión de enfrentar nuevos desafíos.

Se concretarían en la emblemática calle Savile Row  del centro de Londres, conocida principalmente por sus sastrerías tradicionales a medida para hombres.

En 2011 el prestigioso local Gieves and Hawkes recibía a un aprendiz de sastre goyano que seguía buscando la concreción de sus sueños.

“Estuve en ese mercado durante 4 años, descubrí un mundo que no sabía que existía y que me fascinó. También trabajé en la legendaria  tienda Henry Poole. Durante todo ese tiempo había creado mi marca de corbatas de moño, O-Time, y tenía la idea de desarrollarla ampliando la oferta con nuevos diseños”.

Los proyectos personales fueron la disyuntiva nuevamente. Con muchos viajes a distintos lugares del mundo y casa propia en Londres, el nuevo sueño era ampliar la familia.

“Dejé la sastrería  y todos los proyectos laborales para formar mi familia.  Era lo que siempre quise  pero me parecía que no me  estaba permitido. Lo tenía como un estigma que descubrí que no era cierto”, detalla.

“Lo más duro fue la espera. La asistente social tenía que buscar los chicos a los que mejor podíamos ayudar y que encastren  en nuestra dinámica familiar. Ese proceso llevó un año y medio, y en el transcurso tuvimos una experiencia muy difícil de atravesar con 2 niños a los que quisimos y no fue posible. Después de ese momento, decidimos ir a Francia unos días porque nos pesaba mucho estar en la casa que habíamos pensado y equipado para compartir con los chicos. En el viaje volvimos a una casa que habíamos visto en enero,  y a mí me encantaba. Yo de entrada sentí que esa era mi casa, mi lugar en el mundo.  Le propongo a Jeff dejar el proyecto de familia, vender la casa de Londres y comprar esta en Francia”.

El 14 de julio de 2016,  2 semanas antes de la mudanza a Francia y mientras Jeff negociaba los detalles económicos de la mudanza,  llegó la llamada que volvería a cambiar los planes: “Encontré a los niños. Tienen  1, 2 y 3 años, nos dijo la asistente social que se encargaba de nuestro caso.  Después de una reunión con  asistentes y médicos, nos dimos cuenta que eran nuestros hijos y que todo lo que pasamos antes era lo  que tenía que suceder para prepararnos  y recibirlos a ellos. Avanzamos con esa adopción, hablamos a los que habían comprado la casa en Londres y con los de la inmobiliaria  francesa para postergar el negocio”.

El 9 de noviembre legaron Román,  Leighton y James; con sus nombre como única herencia y un sinfín de posibilidades para compartir y aprender.

Los proyectos relacionados a la mudanza  primero se pospusieron, después parecieron suspenderse y finalmente la casa “destinada” era el nuevo hogar.

“El 21 de diciembre de ese año, teníamos 3 chicos y un castillo abandonado en la campiña francesa. En mayo de 2017, con mucha ilusión y habiendo derrumbado todos los mitos sobre la paternidad, nos embarcamos a lo que sería el destino definitivo”.

El chateau Belebat  es un castillo ubicado  en Assay, población y comuna francesa, situada en la región de Centro, departamento de Indre y Loira. Perteneció a la aristocracia hasta la revolución francesa, después pasó por distintas familias y situaciones, hasta que una inmobiliaria vendió la propiedad a la familia  Rinaldi Zeidman.

Sobre el enorme trabajo de restauración que se realiza desde esa época, explica: “El casillo es del siglo XVI y las dependencias de la primera mitad del siglo XVII.  Uno de los dueños, que trabajaba la tierra alrededor de la dependencia principal, decidió separarlas. Así quedó divida en Chateau y  Granja Belebat. Para restaurar las dependencias hay que cambiar toda la red eléctrica, por ejemplo, además de restaurarlas y  crearles un diseño propio. Por ahora tenemos dos de los espacios habilitados para turistas. Tenemos animales, pensamos agregar caballos  y ovejas,  y plantamos un viñedo frente a la casa. En junio del año pasado, compramos Belebat granja y volvimos a unir la propiedad que estuvo separada por 200 años.  Los franceses agradecen que se restaure y cuide su patrimonio. Están contentos con que el espacio principal, el chateau, sea nuestra casa de familia y no un  hotel o restaurante. De hecho muchos acercan donaciones o recuerdos que ya son parte del lugar.  Queda mucho trabajo para hacer, ya que yo me encargo solo del trabajo de restauración, pero ya vemos los frutos de lo que se hizo”.

Sobre la importancia de su ciudad natal en su vida y  la de  sus hijos, dice: “Goya es  el lugar de las puertas sin llave, es jugar en la vereda descalzo, es el carnaval de chuspitas, es la hamburguesa con la cerveza helada en plaza Mitre. Goya es libertad pura, es la siesta calurosa  en la que igual no vas a dormir porque vas a visitar a alguien. Es el lugar que no necesitaba teléfono para avisar que íbamos, donde no se necesitaba ni manejar porque podíamos caminar y todos sabíamos quiénes éramos y de dónde veníamos. Goya es el lugar mágico, un pedacito de paraíso, que yo intento replicar para mis hijos en este rincón del mundo”.

De las muchas experiencias valiosas que compartió, Oscar es fundamentalmente esa profunda emoción con la que menciona su ciudad de origen; confirmando que uno “muchas veces se busca por todo el mundo pero se encuentra en el patio de su casa, o en el lugar donde lo recreó,  una tarde cualquiera” (Alejandro Dolina).

Desde InfoGoya agradecemos la generosidad de compartir su experiencia y el ejemplo de que  los  adolescentes que atraviesan y superan prejuicios, adquieren  las herramientas fundamentales para conquistar sus sueños. 

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