Una goyana es reconocida influencer nacional e internacional

GoyanosPorElMundo Mery Ferrero es masajista, especializada en estética corporal e influencer  con miles de seguidores en las redes sociales. Conocé la experiencia de la goyana que transformó su vida, es ejemplo para muchos jóvenes  y marca tendencia en distintos lugares del mundo.  InfoGoya

María Paula  Geminiani Ferrero es hija  de Alberto Geminiani y Mónica Ferrero, cuyo matrimonio tuvo otro hijo, Martín. La familia se fue ampliando con las nuevas parejas de su padre y así llegaron  Florencia, Sol, Franco y Osvaldo.

 “Mi familia es muy importante para mí, entre los que destaco  el amor incondicional por mi abuela Pocha Ferrero, el acompañamiento de mi mamá, tíos y primos”.

Su formación primaria transcurrió  en la escuela Graduada  y la secundaria en la escuela Normal.

“Toda mi infancia fue feliz,  marcada por la presencia cercana de mi abuela y con gran influencia del deporte. Cuando me preguntan si fui discriminada siempre respondo que el tenis me salvó. A los 8 años empecé en la escuela de Cristina Sotelo, con ella viajé por todo el país y esa convivencia diaria con tantos chicos cercanos a mi edad, me protegió de cualquier tipo de bullying.  De esa época me acuerdo de compartir mucho con Ángeles Hormaechea, los mellizos Mario y Jesús Villa y Coqui Turski”, explica.

Al comenzar la secundaria  conoció  a quien sería su gran amiga en distintas etapas de la vida, Lucía Aguirre: “La escuela Normal me dio grandes amigos y el tener a mi mamá como profesora de la institución también ayudó a que nadie se metiera conmigo. Nunca nadie en Goya  me agredió ni nada parecido”.

Con la necesidad de “ver mundo” y conocer otras realidades apareció la posibilidad de viajar de intercambio a través del Rotary Club.

“Mi primer viaje al extranjero fue  a  los 17 años a Alemania. Es importante que se sepa que instituciones como el Rotary dan esa posibilidad,  se viaja como  embajadora del distrito Goya y para acceder  hay que tener las características que se requieren como buena conducta y compromiso con distintos servicios que se brindan en la comunidad. Yo viví  en una pequeña villa llamada Bibereck Ebla,  en la zona de Bavaria,  con la familia Kreutzkam. Con ellos descubrí otra realidad, nos hicimos muy cercanos y de hecho, me visitaron varias veces en Argentina.

 También aprendí  que lo que más me interesaba era viajar y conocer una amplia variedad de idiosincrasias”.

Después de esa experiencia, cuando el siglo daba sus primeros pasos y finalizaba la secundaria, la ida a Buenos Aires se hizo inminente.

Sobre ese primer desarraigo,  cuenta: “Me instalé en Buenos Aires para estudiar relaciones internacionales pensando que sería una gran oportunidad para concretar proyectos en el extranjero pero la carrera no fue lo que esperaba. Cambié de carrera, cursé Derecho varios años y finalmente  me formé en  masoterapia y empecé a trabajar en un spa”.

La vida en la gran ciudad siempre tuvo cerca a sus amigos, Lucía, Verónica Coni, Candelaria, Guillermina y Zoraida Rivolta, Silvana Ramírez,  Alejandra Amarilla, Oscar  Rinaldi y Ana Sellarés, entre otros.

Los años porteños transcurrieron entre distintas búsquedas profesionales pero, fundamentalmente, personales.

“En el 2011 entré en crisis total, a los 29 años nunca había tenido una pareja. Hacía tiempo  sentía que  pasaba algo a nivel genital porque tenía cero vinculación con eso. Estaba muy angustiada y empecé a viajar mucho a Goya.   Un momento de quiebre total fue cuando comencé terapia con Alejandro Bicci. Avanzando en la terapia, él me dio identidad como mujer transgénero”.

Una mujer transgénero, —abreviadamente mujer trans—, es una persona que nace con sexo masculino, pero percibe su identidad de género como femenina. Con la respuesta a una inquietud tanto tiempo presente, el camino para asimilarlo se volvió concreto.

“Me sugirió operarme para ser feliz,  lo trabajé con él y sentí la necesidad de irme un tiempo para organizar interiormente lo que significaba”, dice sobre la situación que marcó definitivamente su vida.

El viaje a Nueva Zelanda  por un  año  se dio a través de la visa Working Holiday,  permiso de residencia que habilita a los viajeros para obtener empleo en el país que emite la visa para complementar sus fondos de viaje. 

El destino tenía previsto un encuentro fortuito que sería clave en los pasos a seguir.

“Como masajista, fui parte del staff de los hoteles Hilton y Sofitel. Ahí conocí a una chica oriunda de Indonesia y cuando me compartió su experiencia como transexual,  confirmé a través de su vivencia lo que  me pasaba, a lo que le había puesto nombre Bicci.  Finalizado ese año, extendí la visa porque tenía posibilidades laborales pero la enfermedad de mi abuela me decidió a volver  al país”, explica.

Acomodando distintas situaciones personales y laborales, llegó el año 2014 con otros desafíos.  Nuevamente la búsqueda de experiencias la llevó fuera del país, en este caso a Estados Unidos. Manhattan cobijó durante seis meses a una goyana que trabajaba arduamente por sus sueños y buscaba incansablemente su realización personal.

El año 2015 posibilitó un encuentro fundamental para comenzar finalmente la siguiente etapa: “En noviembre, a través de un amigo, Alejandro Fernández, conocí a la abogada Mariana Micelli. En esa charla me  enteré  detalles sobre  la Ley de Identidad de Género.  Ella me orientó  y como ya era monotributista me inscribí, en abril de 2016, para acceder a la cirugía. A las tres semanas  me confirmaron la operación de cambió de género pero  tenía que esperar quirófano”.

La Ley de Identidad de Género de Argentina, que lleva el número 26.743, permite que las personas trans sean tratadas de acuerdo a su identidad autopercibida e inscritas en sus documentos personales con el nombre y el género vivenciado.  Además ordena que todos los tratamientos médicos de adecuación a la expresión de género sean incluidos en el Programa Médico Obligatorio, lo que garantiza una cobertura de las prácticas en todo el sistema de salud, tanto público como privado. Es la primera ley de identidad de género del mundo que, conforme las tendencias en la materia, no patologiza las identidades trans

Antes del tramo final del largo recorrido, un viaje por Europa con su mamá, sería el escenario para contarle los nuevos proyectos personales.

En diciembre de 2016 y con el cirujano Javier Belinky, se concretó la operación en la Clínica “Sagrado Corazón” de la ciudad de Buenos Aires.

“Todo el proceso lo viví con el apoyo incondicional de mi mamá, de mi tía Andrea Domínguez,  de tíos, primos y amigos; que  me acompañaron amorosamente”.

Una profunda búsqueda personal  concluía con el  documento de identidad de María Paula Geminiani Ferrero, pero aún Mery Ferrero tenía mucho que compartir y representar.

Sobre cómo su recorrido personal se hizo  inspirador para miles de personas, detalla: “En abril del año 2017, fue al spa donde yo trabajaba el influencer  Martín Cirio. Le comentaron  mi historia y me ofreció grabar dos videos, donde nos divertimos y desdramatizamos las distintas situaciones que nos tocaron atravesar. Fue la primera vez que aparecí en Instagram y tuvo mucha repercusión.  Un tiempo después fui de invitada al programa de Luciana Salazar  y luego al de Angel De Brito. Aumentaron los seguidores y las consultas sobre los procesos que atravesé para construirme en lo que soy hoy”.

Un especial con el periodista Jorge Lanata, puso su historia nuevamente como ejemplo para miles de jóvenes que buscan, sin  temer a los prejuicios y como hacemos todos, la felicidad.

En los últimos años los seguidores siguieron multiplicándose  y sus vivencias compartidas en distintas partes del mundo. Con su estilo desenfadado y libre,  sin detenerse nunca en la victimización, se hizo referente de  miles de personas.

Sintiendo que aún en Argentina no es fácil la inclusión plena,  en diciembre  de  2019 se instaló en Estados Unidos: “Cumplí la fantasía  de pasar la típica navidad con nieve.  En San Francisco, con amigos, miramos películas, visitamos el  Union Squar y vimos al ballet interpretar  “Cascanueces”. Después viajé por varias ciudades hasta llegar a  Oregón donde vivo con una amiga”.

La pandemia la retiene en el lugar,  disfrutando de lo que una sociedad de mentalidad más amplia puede ofrecer, pese a que la experiencia debería haber durado  seis meses.

Los planes a futuro la llevan a nuevos destinos: “La idea es radicarme desde marzo  de 2021 en Italia, precisamente  en Nápoles. Estoy en los trámites previos para obtener la ciudadanía italiana, lo que me permitiría trabajar con normalidad. En lo personal disfruto de la visibilidad que me da un país donde una nunca se siente presa de  su historia”.

Intentando describir el amor por su ciudad natal, dice: “Goya es mi abuela Pocha,  es mi familia amplia y amorosa, es la catedral que se ve desde mi pieza, son los amigos de toda la vida,  es la ciudad en la que me encantaría vivir si algunas cosas fueran distintas para mí.  Goya es mi lugar en el mundo, el que a lo mejor, algún día, tenga una oportunidad de vida real para mí”.

Mery es un espíritu  resiliente,  generoso y amoroso…que no se resigna a lo que muchas veces recibe, que sigue buscando  lo que todos creemos merecer. También es un espejo en  el que podemos ver las miserias de las que somos capaces los que nos creemos mayoría.

Desde InfoGoya agradecemos la posibilidad de compartir su experiencia y nos enorgullecemos de su ejemplo de superación para tantos que la tienen de referencia alrededor del mundo.

Seguí las historias de Mery a través de la cuenta de Instagram: mery.g.ferrero

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