Conocé la historia de superación de un goyano exitoso en Londres

GoyanosPorElMundo Pablo Escobar nació en Goya y trabajó desde niño para transformar su realidad.  La que años después lo consagró como especialista en Economía y Pensamiento Político con orientación a las Relaciones Internacionales egresado de la prestigiosa Queen Mary University of London . Radicado hace 20 años en la capital inglesa nos invita a conocer su experiencia. Infogoya.com

Lomitas

Es hijo del “Negro Escobar” y de Olga, parte de la familia integrada también por Gisela, Rosana y Mariana.

“Los primeros pasos los di en el barrio San Ramón. Barrio que venía con una fama que le antecedía incluso antes de pisar sus entonces calle de tierra. Con 3 hermosas hermanas, de las mejores personas que he tenido la fortuna de atesorar en esta vida, y dos padres trabajadores, crecimos cargando el tanque de agua del patio de atrás con baldes que acarreábamos del grifo público de la esquina de las calles Jujuy y John Fitzgerald Kennedy.

Estos orígenes fueron pobres, no humildes, porque a las cosas hay que llamarlas por lo que son. En mi ‘humilde’ opinión, crecí con inquietudes y un ansia por el conocer, no tanto por el saber. Aprendí así que se puede tener una infancia feliz sin teléfono, sin computadora, ni Play Station. Esta infancia fue sostén y propulsor de una felicidad arraigada en los gestos de cuidado y dedicación de mucha gente buena, todos provenientes de una denominación  infame: Fuera de las cuatro avenidas”, detalla sobre su infancia.

Su formación comenzó en el Jardín de infantes Panambí y su primaria transcurrió en la Escuela Graduada.

La referencia de progreso,  a través de la educación,  era incansable consejo materno: “Mamá fue la impulsora en casa de la idea de tener la mejor educación posible. Así fue como, con una realidad escolar y otra hogareña, se fue formando en mí una visión multifacética de lo que somos las personas, que sumada a esa curiosidad innata, ya desde pequeño se vivenció en un potente deseo de conocer el mundo.

Armado con una sólida formación educativa de mi querida escuelita Graduada, me presenté al examen de ingreso, que estaba muy en voga en 1990, para ingresar al Instituto Alberti. Decisión acertada como pocas fue aquella. Quien soy hoy se debe a la labor intangible de tantos profesores y profesoras, y de quienes desde un lugar menos visible, pusieron en marcha el destino de tantos. A ellas las voy a nombrar, ‘la’ Nely y ‘la’ Olga, y por sobre todo, ‘la’ Rosita. De los profesores, cada uno dejó marcas indelebles, proveyó una herramienta diferente para navegar por la vida, muchos se escurrieron por los cauces naturales y otros aparecieron para quedarse tomando forma de amistad, o de lo que yo llamo, mi enorme familia de la vida”.

En esa etapa, los proyectos se motorizaban con esfuerzo. Para concretarlos trabajó en una carpintería, repartió revistas, vendió quiniela y  brindó clases particulares de distintas materias.

“En ese momento pivotante de la vida de una persona, la adolescencia, surgieron dos personas que jugaron un papel vital en el ‘destino’ que me esperaba. En orden cronológico, primero, Susana Lawless. Ella vio mi interés con el idioma inglés, y comprendió inmediatamente que el obstáculo que se interponía entre una capacitación más completa y la básica ofrecida en la escuela secundaria era la pobreza; no sólo la  material, sino que por sobre todo la pobreza de una visión que genera la sensación de que ‘se puede’. Ella me ofreció una beca para estudiar inglés en el Instituto St. Paul. Allí descubrí un interés no solamente por la lengua, sino también por la historia y la cultura inglesas.

Tony Giuliani fue la otra persona que le dio un giro a mi vida, ofreciéndome el primer trabajo que tuve, en relación de dependencia,  después de la secundaria, en su estudio contable. Allí puse en práctica mis conocimientos y  adquirí muchos otros. Habilidad que uso desde entonces y me abrió muchas puertas”.

El nuevo ciclo académico comenzó con un paso breve por el Profesorado de Matemática, Física y Cosmografía del Instituto San Martín para finalmente tomar nuevos rumbos.

“En 1998 me mudé a Buenos Aires para seguir mi sueño de una carrera universitaria. Me inscribí en la Universidad de Buenos Aires para cursar el Traductorado Público de Inglés. De esa experiencia, tengo los mejores recuerdos de poner a prueba la tenacidad, las ganas de salir adelante, sin olvidarme de ser joven. Me conocí a mí mismo; fue cuando 'salí del armario' y comenzó mi trabajo por la igualdad, sabiendo que los hechos son mejores que las palabras”.

En la gran ciudad, distintos trabajos alternativos, fueron escalones previos a la valiosa oportunidad fuera del país.

En el 2001, año clave para la economía nacional, llegó la posibilidad que cambiaría su vida definitivamente.

 “Surgió la oportunidad de hacer un viaje al Reino Unido y trabajar en las afueras de Londres. Era cadete en una empresa de servicios de seguros en Buenos Aires, cuyo dueño y amigo, Lee Faulkner, me sugirió una estadía de tres meses con un puesto de barista en un pub. Con 24 años y  espíritu aventurero, acepté viajar a este país sin conocer a nadie ni haber estado nunca allí.

Empecé a trabajar en este pub en diciembre del 2001. No fui testigo directo del llamado corralito, pero sí cuando me congelaron la opción de retirar dinero depositado a través de un cajero automático. De repente me encontré con sólo mis ahorros, frutos de mi trabajo durante  esos meses.

Sobreviví. Y al poco tiempo me encontré en mi salsa: Londres, una ciudad cosmopolita, con gente de todo el mundo, historia milenaria, edificios antiguos y modernos, dinámica, pujante, con espacio para la gente con ganas y aptitud para progresar”.

El hermano  de aquel jefe porteño, posibilitó el nuevo desafío: trabajar en el medio de la campiña inglesa. También la oportunidad de aprender lo que se necesita para llevar adelante un negocio gastronómico en una estructura edilicia del 1400.

Tiempo después, de vuelta en la vertiginosa Londres, su espíritu emprendedor lo llevó a busca una actividad comercial diferente. Así comenzaron las clases de español, que con los años,  convocaron a muchos ingleses interesados en aprender “correntino”.

“En el 2007 conocí a mi ex marido, Davide, un italiano encantador, que me apoyó en mi deseo de terminar una carrera universitaria. Tuve que volver a hacer el periodo final del secundario para poder entrar a una universidad prestigiosa de Londres. Empecé, y esta vez terminé, en el 2014, la carrera de Economía y Pensamiento Político con orientación a las Relaciones Internacionales en la Queen Mary University of London .

En el 2015 empecé de cajero en el Barclays Bank, una institución financiera centenaria en estos lares. Mis ganas y capacitación me llevaron a un ascenso para la atención personalizada a clientes. El año pasado, las mismas ganas de superarme me permitieron otro ascenso. Hoy, estoy a cargo de la atención especializada a clientes en todo lo referido a préstamos personales”.

“Mi vida cotidiana es intensa. Aquí se trabaja mucho, pero hay un gran  respeto por ese esfuerzo y la oportunidad de progresar, de crear tu propia iniciativa empresarial. La vida social se vive en los parques y en los pubs mas que en las casas, aunque a veces me hago un gustito y me voy a comer un asado. Esta ciudad, después de casi 20 años, me sigue fascinando: sus museos, recitales de gente de todo el mundo, las comidas étnicas, las distintas lenguas que se hablan”, dice sobre el lugar que le permitió concretar muchos de sus sueños.

 

“Goya es mi manantial,  mi fuente de vida. La recuerdo con nostalgia; el lugar donde las sobremesas  son interminables, las siestas únicas, donde el canto de los pájaros y la naturaleza están al alcance de la mano. 

La verdad es que desde lejos la valoro mas que nunca, sobre todo por la cantidad de cultura que encapsula: música, teatro, danza, carnavales, literatura, bibliotecas, patrimonio arquitectónico y religioso”, reflexiona sobre su ciudad de origen. 

Pablo es un goyano que desafió al destino creyendo firmemente en sus sueños y trabajando por ellos. Un hombre que, desde niño, con  decisión  y voluntad,  potenció sus posibilidades. Un faro, en tiempos tan complejos, para los jóvenes que deben mirar sus proyectos con esperanza.

 

 

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