El arzobispo correntino José Adolfo Larregain analizó junto a diario época la primera encíclica de León XIV, a la que calificó que marca “un hito” en el debate global sobre Inteligencia Artificial y puntualizó que el Papa propone regularla desde una mirada ética, social y humana.

“MAGNÍFICA HUMANITAS” FUE PUBLICADA ESTE LUNES, PERO FUE FIRMADA POR EL PONTÍFICE EL 15 DE MAYO.
La publicación de la primera encíclica del papa León XIV, titulada “Magnífica humanitas”, abrió un nuevo capítulo en el debate global sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en la vida humana, el trabajo, la política y la cultura. El documento, difundido el lunes último y firmado el pasado 15 de mayo, coincide con el 135° aniversario de la histórica Rerum novarum y propone una reflexión profunda sobre los desafíos éticos y sociales de la revolución tecnológica contemporánea.

En ese contexto, el arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, analizó junto a diario época el contenido de la misiva y sostuvo que la postura del pontífice representa “un hito en el debate global” sobre la inteligencia artificial, especialmente porque no aborda el fenómeno desde una mirada técnica, sino moral, ética y social.

“El papa León, siguiendo el legado de León XIII, que en el siglo XIX reguló la postura de la Iglesia ante la revolución industrial, hoy aborda la inteligencia artificial como otra gran revolución, pero en el siglo XXI”, explicó el prelado correntino. Según señaló, el documento papal plantea la necesidad de “desarmar” la inteligencia artificial, aunque aclaró que ese concepto no implica destruir la tecnología, sino quitarle “las lógicas de dominación, exclusión y lucro desmedido” para ponerla “al servicio del bien común”.

En la encíclica, el Sumo Pontífice advierte que la IA “no es neutral” y que debe ser regulada para evitar que se convierta en una herramienta de injusticia o desigualdad. “Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad”, sostiene el texto papal. Pero también alerta que “en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto”.

EL PRELADO CORRENTINO REPASÓ LA CARTA SOLEMNE.
Los pilares que plantea el Papa
Larregain detalló que la visión de León XIV sobre la regulación de la inteligencia artificial se sostiene sobre cuatro ejes fundamentales. El primero es el rechazo al uso militar de la IA y a las decisiones automatizadas vinculadas a la guerra.”El punto más crítico e innegociable es precisamente el uso de la inteligencia artificial en la guerra. El pontífice afirma que no es permisible confiar decisiones letales e irreversibles a un sistema artificial”, detalló el franciscano.

El segundo punto se relaciona con la concentración del poder tecnológico y la exclusión social. Según Larregain, el Papa advierte que “los datos, los algoritmos y las infraestructuras digitales se están convirtiendo en nuevas formas de propiedad concentradas en manos de unas pocas corporaciones”.

Para el arzobispo, esto genera “una brecha profunda entre quienes participan de esta revolución digital y quienes quedan marginados”.

El tercer eje apunta a la necesidad de establecer marcos jurídicos sólidos y mecanismos de vigilancia independientes. En este sentido, el referente de la Iglesia correntina señaló que León XIV considera insuficientes las promesas voluntarias de las empresas tecnológicas. “Advierte contra un peligro no sirve de nada una inteligencia artificial más moral si esa moral es decidida e impuesta a puertas cerradas por un pequeño grupo de tecnólogos”, expresó.

Finalmente, el cuarto principio tiene que ver con la preservación del discernimiento humano y de los vínculos auténticos. Para Larregain, uno de los grandes temores del Papa es que la inteligencia artificial termine debilitando el pensamiento crítico, distorsionando la percepción de la realidad y reemplazando las relaciones humanas por simulaciones artificiales.

“Al Papa le preocupa una cultura donde las personas sean evaluadas fríamente bajo criterios de utilidad o eficiencia, considerando a ciertos individuos como menos deseables, menos útiles o incluso descartables”, cerró el arzobispo, retomando además una expresión utilizada frecuentemente por el papa Francisco.

Una nueva “Rerum novarum” para el siglo XXI
La nueva encíclica busca recuperar el espíritu de la histórica Rerum novarum, publicada en 1891 por León XIII, considerada el punto de partida de la doctrina social moderna de la Iglesia. En aquel contexto, la preocupación central era el impacto de la revolución industrial sobre los trabajadores y las nuevas desigualdades económicas.

Ahora, más de un siglo después, León XIV entiende que la irrupción de la IA plantea desafíos similares, aunque en un escenario completamente distinto. En la encíclica recuerda que la Iglesia, así como en aquella época identificó los “asuntos nuevos” de la industrialización, hoy busca “pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica”.

La intervención de Larregain pone de relieve que la discusión sobre inteligencia artificial, ya dejó de ser exclusivamente tecnológica o económica para convertirse también en un debate profundamente humano.

Dividida en cinco capítulos, además de una introducción y una conclusión, la encíclica “Magnifica Humanitas” parte de una idea la tecnología no es enemiga de la persona ni constituye un mal en sí misma. En su primer capítulo, León XIV repasa la evolución reciente de la Doctrina Social de la Iglesia y su desarrollo desde el Concilio Vaticano II.

En el segundo capítulo, el Papa aborda los fundamentos de esa doctrina y pone en el centro la dignidad humana, recordando que toda persona fue creada “a imagen y semejanza de Dios”. Advierte, además, que las nuevas ideologías y ciertos intereses económicos pueden reducir al ser humano a un recurso explotable o a alguien valorado únicamente por lo que produce.

La encíclica también dedica un apartado al reconocimiento de los derechos de las minorías, especialmente de las mujeres. En ese sentido, León XIV reclama “decisiones concretas” en ámbitos como las leyes, el trabajo, la educación y la participación política y social, para garantizar que sean verdaderamente escuchadas y valoradas.

Finalmente, el pontífice enumera cinco principios de la Doctrina Social de la el bien común, la destinación universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social. Sobre este último punto, sostiene que en la era digital debe garantizarse un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los sectores más vulnerables, combatir el odio y la desinformación y someter el uso de los datos y las tecnologías al control público, priorizando la dignidad humana por encima del lucro.

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