La principal institución científica brasileña alertó sobre el impacto del ajuste impulsado por Javier Milei sobre organismos estratégicos como el Conicet y la Comisión Nacional de Energía Atómica.
El Poder Ejecutivo demuele como si fuera una aplanadora a las instituciones más importantes del país. Frente al desmantelamiento del sistema científico y tecnológico argentino, la Academia Brasileña de Ciencias expresó su solidaridad con los investigadores, becarios, técnicos y trabajadores afectados por los recortes.
El respaldo fue comunicado a través de una carta dirigida a Alicia Dickenstein, presidenta de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ANCEFN), en la que la institución brasileña manifestó su preocupación por el deterioro de la ciencia argentina y por sus consecuencias para la cooperación regional.
“Compartimos la convicción de que la ciencia, la tecnología y la innovación constituyen pilares estratégicos para el desarrollo sostenible de las naciones, la formación de recursos humanos altamente calificados, la soberanía científica y tecnológica y la promoción del bienestar social”, sostuvo Helena Bonciani Nader, presidenta de la Academia Brasileira de Ciências (ABC).
Bonciani Nader advirtió que las capacidades científicas y las instituciones de excelencia se construyen a lo largo de décadas, mediante inversiones continuas, el trabajo de sucesivas generaciones de investigadores y un compromiso público sostenido a largo plazo.
Desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei, trabajadores del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de otros organismos públicos vienen denunciando el desmantelamiento del sistema científico y tecnológico nacional.
Las olas de despidos y de recortes presupuestarios impulsados por Milei comprometen el desarrollo de investigaciones estratégicas para el país. El programa de Promoción de la Investigación y la Innovación registró una caída del 88 por ciento, mientras que el Conicet redujo su ejecución presupuestaria un 35 por ciento y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, un 64 por ciento.
También sufrieron reducciones el Servicio Meteorológico Nacional, el Servicio Geológico Minero Argentino, la Fundación Miguel Lillo y la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria.
En el caso de la Comisión Nacional de Energía Atómica, sus trabajadores denunciaron un proceso de vaciamiento que compromete actividades vinculadas con el desarrollo nuclear, la producción de radioisótopos para uso médico, la investigación aplicada y la formación de recursos humanos especializados.
Desde el sector señalaron que la pérdida de personal calificado afecta áreas estratégicas en las que la Argentina cuenta con reconocimiento internacional.
En paralelo, desde el Conicet alertaron que el ajuste se refleja en la reducción de los ingresos a la carrera de investigador, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y las becas, y las dificultades para sostener el funcionamiento de institutos y laboratorios.
Las organizaciones científicas advierten que la falta de inversión acelera la migración de investigadores al exterior, interrumpe trayectorias de formación y debilita el sistema público de ciencia y tecnología.
En su carta, la Academia Brasileña de Ciencias aseguró que sigue con preocupación la reducción de oportunidades para los investigadores, las dificultades que enfrentan instituciones de reconocida excelencia y el impacto que estas medidas podrían tener sobre el futuro de la ciencia argentina.
La entidad también destacó la contribución histórica y contemporánea de la ciencia argentina al avance del conocimiento en América Latina y en el mundo.
“Las comunidades científicas de nuestros países mantienen profundos lazos de colaboración, intercambio y amistad, fundamentales para afrontar desafíos comunes y promover el desarrollo científico de la región”, señaló la institución.
Trabajadores de la ciencia y de la tecnología de todo el país reclaman la reincorporación de los empleados despedidos, el cese del desmantelamiento de los organismos de investigación y la implementación de una política pública que garantice el desarrollo de la ciencia y la tecnología como herramientas para el crecimiento económico, la soberanía nacional y el bienestar social. En definitiva, mientras Brasil reivindica a la ciencia como una política de Estado, el gobierno de Javier Milei insiste en reducirla a una variable más del ajuste, sin perder el goce.