Beijing mantiene su objetivo de enviar astronautas antes de 2030 y ya prueba el cohete, la nave y el módulo que necesitará para conseguirlo. Mientras avanza con esos desarrollos, pone a punto el lanzamiento de Chang’e 7 hacia el polo sur lunar, una región clave también para los planes de Estados Unidos.
China está cada vez más cerca de cumplir uno de sus mayores objetivos espaciales: llevar astronautas a la superficie de la Luna antes de 2030. El país ya desarrolla y prueba los principales vehículos que necesitará para esa misión y, como parte del programa, se dispone a dar un paso previo fundamental: explorar el polo sur lunar, la región elegida para sus futuros planes de presencia humana.
La encargada de hacerlo será Chang’e 7, una misión robótica que permitirá obtener información directa sobre una zona que podría resultar decisiva para los futuros astronautas chinos.
La nave ya fue trasladada junto con su cohete Long March 5 Y14 hasta la plataforma del centro espacial de Wenchang y, aunque la agencia espacial china todavía no comunicó el día exacto del lanzamiento, aseguró que el despegue se realizará en breve, cuando las condiciones sean apropiadas.
Este próximo vuelo forma parte de una estrategia mucho más amplia. China confirmó este año la integración de sus programas de exploración lunar no tripulada y de alunizaje humano en un único proyecto con el objetivo de que las misiones no tripuladas ayuden a preparar las futuras operaciones de astronautas sobre la superficie.
En ese esquema, Chang’e 7 tendrá una función clave: estudiar el polo sur, sus condiciones y sus recursos, mientras el país avanza con las pruebas del cohete, la nave y el módulo que necesitará para enviar personas hasta la superficie lunar.
El calendario coloca a China cada vez más cerca de Estados Unidos. La NASA apunta a principios de 2028 para su próximo alunizaje tripulado, dentro del programa Artemis, mientras Beijing quiere conseguir su primer descenso con astronautas antes de que termine esta década.
China ya prueba las máquinas que llevarán astronautas a la Luna
El plan chino dejó hace tiempo de existir solamente sobre el papel. El país trabaja sobre prácticamente todas las piezas necesarias para intentar un alunizaje tripulado.
Una de ellas es el Long March 10, el nuevo sistema de lanzamiento diseñado para las futuras misiones humanas hacia la Luna. También desarrolla Mengzhou, la nave que transportará a los astronautas, y Lanyue, el módulo encargado de llevarlos desde la órbita lunar hasta la superficie.
A esos vehículos se suman el traje lunar Wangyu y el rover tripulado Tansuo, que permitirá a los astronautas desplazarse después del alunizaje. China informó en octubre de 2025 que ya había completado los principales prototipos preliminares de todos estos sistemas.
Durante 2026 también avanzaron las pruebas. La agencia espacial china informó que realizó una demostración a baja altura del sistema Long March 10 y un ensayo de Mengzhou bajo condiciones de máxima presión.
Luego de esas pruebas, el objetivo de la misión tripulada será dominar tecnologías necesarias para viajar entre la Tierra y la Luna, permanecer durante períodos breves en la superficie de nuestro satélite y combinar el trabajo de astronautas con vehículos robóticos. El programa prevé actividades científicas, recolección de muestras y exploración de recursos antes del regreso a la Tierra.
Chang’e 7: el próximo paso hacia el polo sur lunar
Mientras prepara esos sistemas, China está a punto de poner en marcha una de sus misiones robóticas más ambiciosas.
Chang’e 7 viajará hacia el polo sur de la Luna con un conjunto formado por un orbitador, un módulo de descenso, un rover y un pequeño vehículo capaz de desplazarse mediante saltos. La misión estudiará el ambiente y los recursos de la región y buscará nueva información sobre la presencia de agua.
El interés por esa zona no es casual. El polo sur concentra regiones que permanecen en sombra durante períodos extremadamente largos y donde las bajas temperaturas podrían haber preservado depósitos de hielo.
El agua es uno de los recursos más importantes para cualquier proyecto que pretenda mantener humanos durante períodos prolongados fuera de la Tierra. Además del consumo, puede servir como materia prima para obtener oxígeno e hidrógeno y reducir parte de la dependencia de los suministros enviados desde nuestro planeta.
Por esa razón, China y Estados Unidos tienen puestos sus ojos sobre la misma región lunar. Chang’e 7 permitirá a Beijing estudiar directamente el terreno antes de las futuras etapas de su programa, mientras la NASA prepara su propio regreso humano a la superficie.
Además, en paralelo, China prepara Chang’e 8, prevista alrededor de 2029. Esa misión tendrá entre sus objetivos probar tecnologías para aprovechar recursos lunares y trabajar junto con Chang’e 7 como parte de los planes para una futura estación internacional de investigación en la Luna.
Una carrera lunar muy diferente a la de Apollo
Estados Unidos sigue siendo el único país que logró llevar seres humanos hasta la superficie lunar. Las seis misiones Apollo que alunizaron entre 1969 y 1972 dejaron una ventaja histórica que ninguna otra potencia pudo igualar durante más de medio siglo.
La competencia actual tiene características diferentes. China no intenta repetir exactamente el modelo estadounidense de los años 60. Su programa combina misiones robóticas, desarrollo de vehículos tripulados, búsqueda de recursos y planes para establecer infraestructura permanente en la Luna y mantiene su objetivo de conseguir su primer alunizaje humano antes de 2030.
Estados Unidos también modificó su estrategia. Después del vuelo tripulado de Artemis II alrededor de la Luna en abril de 2026, la NASA prepara nuevas demostraciones antes de intentar nuevamente un descenso con astronautas. Su calendario actual apunta a Artemis IV, a principios de 2028, como la primera misión del programa que llevará una tripulación hasta la superficie lunar.
Esto deja a las dos potencias con objetivos separados por un margen relativamente pequeño. China apunta a realizar su primer alunizaje humano antes de 2030 y Estados Unidos quiere regresar aproximadamente dos años antes. Los retrasos que pueda sufrir cualquiera de los programas podrían alterar ese orden.