El presidente Javier Milei volvió a dedicar tiempo a una de sus viejas aspiraciones: consolidarse como economista académico.
El presidente Javier Milei junto a su ex asesor Demian Reidel, imputado por el escándalo en Nucleoeléctrica.
Mientras la gestión económica del Gobierno enfrenta dificultades para sostener el empleo, la producción y las cuentas externas, el presidente Javier Milei volvió a dedicar tiempo a una de sus viejas aspiraciones: consolidarse como economista académico.

Junto a su ex asesor, Demian Reidel —quien fue denunciado por presuntas irregularidades, malversación de caudales públicos y administración fraudulenta durante su paso por la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina— publicó un nuevo paper con el que busca aportar fundamentos teóricos a su programa de desregulación y apertura económica. El trabajo intenta demostrar, mediante un modelo matemático, que el exceso de regulaciones constituye uno de los principales obstáculos para el crecimiento.

La contradicción entre el desarrollo teórico del paper y las definiciones políticas del presidente volvió a quedar expuesta esta semana. Al defender la apertura irrestricta de las importaciones, Milei sostuvo que Argentina debería especializarse en aquellas actividades en las que resulte más eficiente y puso como ejemplo a Suiza, al señalar que ese país importa productos que no produce porque le resulta más conveniente comprarlos en el exterior.

“No tiene sentido hacer una camisa si la puedo comprar más barata afuera”, fue el razonamiento presidencial. Pero esa mirada entra en tensión con la propia tesis de los rendimientos crecientes que desarrolla junto a Reidel. Si la escala productiva es un factor determinante para el crecimiento, abandonar herramientas como la integración regional, las políticas industriales o el financiamiento productivo reduce justamente las posibilidades de que la industria argentina alcance la dimensión necesaria para competir internacionalmente.

Economías de escala
La hipótesis central del trabajo, titulado Minimum Viable Scale, Extinction and Escape under Increasing Returns (Escala mínima viable, extinción y escape bajo rendimientos crecientes), es que el tamaño de una economía condiciona sus posibilidades de desarrollo.

A diferencia de la teoría económica convencional, que parte de rendimientos decrecientes y una tendencia al equilibrio, Milei y Reidel plantean que, a mayor escala de producción, menores costos y mayores incentivos para invertir. Bajo esa lógica, los países pueden quedar atrapados en un sendero de bajo crecimiento si no alcanzan una dimensión suficiente para aprovechar los rendimientos crecientes.

A partir de esa premisa, el paper identifica tres umbrales que determinan la evolución de una economía. El primero es el umbral de extinción, por debajo del cual el capital resulta insuficiente para sostener la actividad. El segundo es el piso de retorno, que marca el nivel mínimo de rentabilidad necesario para estimular nuevas inversiones. Finalmente, el umbral de despegue representa el punto a partir del cual la expansión se vuelve autosostenida gracias a los mayores rendimientos derivados de la escala.

Para el economista Alejandro Vanoli, director de la consultora Synthesis, el problema es que ese diagnóstico contradice las propias políticas del Gobierno. Explica que muchas ramas industriales argentinas no alcanzan por sí solas la escala necesaria para competir internacionalmente y que, justamente por eso, la integración regional resulta estratégica.

“El Mercosur permite generar economías de escala para que numerosos sectores productivos sean viables, algo que el mercado interno argentino muchas veces no logra por sí solo”, sostiene. Sin embargo, advierte que la administración de Javier Milei relegó al bloque en favor de una apertura comercial unilateral, una estrategia que considera “un poco demodé en un mundo que se volvió mucho más proteccionista”.

La misma contradicción, agrega Vanoli, aparece en materia de política industrial. Mientras las principales economías utilizan crédito productivo, compras públicas y programas de desarrollo para fortalecer a sus empresas, el Gobierno argentino desmantela esas herramientas. “En un mundo donde prácticamente todos los países apoyan a su industria, Argentina también necesita políticas públicas que permitan a las pymes y a las grandes empresas nacionales dar un salto de calidad”, afirma.

Crítica a la regulación
Sobre esa base, el trabajo formula una crítica frontal a la regulación económica. Según Milei y Reidel, existen dos factores capaces de empujar a una economía por debajo de su escala mínima viable: una reducción de la capacidad de trabajo de la sociedad y el aumento de las denominadas “cuñas” regulatorias, es decir, impuestos, trámites y otras intervenciones estatales que, a su juicio, reducen la productividad. Cada nueva regulación elevaría el capital mínimo necesario para que una economía siga siendo viable y, si esas restricciones se acumulan, podrían incluso volver inviable el crecimiento.

El economista jefe de la consultora Vectorial, Haroldo Montagú, cuestiona la premisa de que la desregulación constituye una condición necesaria para expandir la actividad económica. “Incluso entre los economistas más ortodoxos hoy existe un amplio reconocimiento de que las fuerzas del mercado, por sí solas, no garantizan crecimiento económico ni una mejor distribución del ingreso”, sostiene.

Según explica, el propio concepto de “fallas de mercado” llevó a que la mayoría de las corrientes económicas aceptaran la necesidad de regulaciones e intervención pública en múltiples áreas.

“Regular implica justamente equilibrar los intereses de los distintos actores de la sociedad, y el Estado es el único agente con capacidad para hacerlo de manera integral”, afirma.

Montagú agrega que tampoco existe evidencia empírica que respalde la idea de que la desregulación irrestricta constituya un camino hacia el desarrollo. Por el contrario, señala que “la experiencia internacional muestra que las economías que lograron crecer lo hicieron apoyadas en instituciones y políticas públicas que regularon e impulsaron sectores estratégicos”.

En esa línea, menciona los aportes de economistas como Ha-Joon Chang y Mariana Mazzucato, quienes documentaron el papel decisivo que desempeñó el Estado en los procesos de industrialización e innovación de las principales economías del mundo.

Regular para pagar la deuda
La regulación no debe entenderse como un obstáculo al desarrollo, sino como una condición indispensable para la integración en la economía globalizada. Como advierte Verónica Grondona, economista del Centro Cultural de la Cooperación, la ausencia de normativas sólidas por ejemplo contra el lavado de activos expone al país a riesgos críticos, como caer en la “Lista Negra del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), lo cual tiene implicancias en materia de acceso al financiamiento internacional”.

En el contexto de la “libre movilidad de capitales”, los países deben adherir a estándares mínimos que reflejan consensos internacionales sobre transparencia transaccional.

Lejos de impulsar el crecimiento, la desregulación y la informalidad han demostrado ser un callejón sin salida para muchos países. Grondona es contundente al señalar que en la Argentina “hay un 40% del dinero que está fuera de toda regulación y esa informalidad no nos ha llevado a tener crecimiento”.

Esta realidad se vuelve evidente cuando incluso este Gobierno, con un discurso desregulador, recurre sistemáticamente a moratorias o leyes de “inocencia fiscal” para atraer capitales hacia el circuito formal, ya que el Estado requiere de estos fondos para honrar sus compromisos financieros.

Esta realidad se vuelve evidente cuando incluso este Gobierno, con un discurso desregulador, recurre sistemáticamente a moratorias o leyes de “inocencia fiscal” para atraer capitales hacia el circuito formal, ya que el Estado requiere de estos fondos para honrar sus compromisos financieros.

PAGINA 12

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *