Mientras los proyectos del oficialismo se aprueban en semanas, las iniciativas opositoras llevan meses encajonadas en comisiones sin tratamiento. El Concejo Deliberante de Goya muestra una asimetría legislativa que pone en jaque el debate democrático.


A simple vista, el Concejo Deliberante de Goya funciona con normalidad. Hay sesiones, hay debate, hay expedientes que se aprueban. Pero una radiografía del trabajo legislativo durante 2026 revela una realidad inquietante: el oficialismo aprueba sus proyectos de ordenanza en un promedio de 14 a 63 días, mientras que la oposición no ha logrado sancionar ninguna ordenanza en todo el año.

La cifra es contundente. De los cientos de proyectos presentados en lo que va del año, los concejales del bloque oficialista —liderados por el intendente Mariano Hormaechea y su bancada integrada por Vivian Merlo, Susana Quiroz, Emanuel Blanco, José Novello, Verónica Ramírez, Gabriela Refojos, Marcelo Frattini, Mónica Cortinovis y Antonio Mazzaro— han logrado imponer su agenda legislativa con una velocidad que contrasta brutalmente con la suerte de las iniciativas opositoras.


DOS VELOCIDADES, UN MISMO RECINTO

El dato más revelador surge al comparar el tiempo de tramitación de los proyectos de ordenanza. Mientras el oficialismo celebra la sanción de normas clave como el Plan de Ordenamiento Territorial (aprobado en 63 días), el Código de Cableado Aéreo (14 días) o la regulación de la micromovilidad (35 días), los proyectos presentados por los concejales opositores —Marcos González, Belén Gogga, Oscar Ferrero, Eladia Fernández, Valeria Calvi y Nahuel Cabrol— permanecen en un limbo legislativo sin fecha de aprobación.

Ningún proyecto de ordenanza de la oposición ha sido aprobado en lo que va de 2026.

Entre los expedientes congelados en comisiones se encuentran iniciativas de gran relevancia para la ciudad: el Código Rural y de Desarrollo Productivo, que unifica normas dispersas en materia de producción y comercio rural; el proyecto que unifica la definición de vehículo de gran porte, una demanda del sector del transporte; el Sistema Municipal de Gestión Integral del Riesgo y Plan de Contingencia para El Niño, una herramienta clave ante la inminente amenaza hídrica; y la armonización del Código de Edificación con el Plan de Ordenamiento Territorial, entre muchos otros.

También están frenadas las ordenanzas que crean el Observatorio Municipal de Seguridad Vial, que regulan los ruidos molestos, que establecen la regularización dominial de parcelas urbanas, y las que impulsan la nominación y delimitación de decenas de barrios que esperan su reconocimiento oficial.

Todos estos proyectos, algunos presentados hace más de tres meses, aguardan su turno en comisiones sin que el oficialismo haya mostrado interés en desempolvarlos.


EL “SOBRE TABLAS” COMO VÁLVULA DE ESCAPE

La única vía por la cual los proyectos opositores logran ver la luz es a través de las declaraciones y resoluciones, esas normas de bajo impacto que se aprueban “sobre tablas” en el mismo día de su presentación. Allí, el consenso es posible: la declaración de interés municipal para el aniversario de la Sociedad Italiana, la presentación del libro del sacerdote Camozzi Barrios, el reconocimiento a la obra de Carlos del Frade o el homenaje a la Red Nacional de H.I.J.O.S. fueron aprobados sin demora.

Pero en el terreno de las ordenanzas —las normas que realmente modifican la vida de los ciudadanos—, la oposición es sistemáticamente excluida del juego legislativo.


LA ESTRATEGIA DEL OFICIALISMO

El mecanismo es sencillo y efectivo: el oficialismo controla la totalidad de las comisiones y, con ello, la agenda legislativa. Puede acelerar el tratamiento de sus propios proyectos y postergar indefinidamente los de la oposición. El resultado es una asimetría institucional que distorsiona el sentido mismo del debate democrático.

Mientras tanto, el Departamento Ejecutivo Municipal, liderado por el intendente Hormaechea, goza de un carril preferencial. Los proyectos remitidos por el DEM —como la autorización para el uso de software del sistema de salud, la prohibición de los “cuida coches” o la nueva regulación de vendedores ambulantes— son estudiados en tiempo récord, sin que medien mayores obstáculos.


¿QUÉ PASA CON LOS PROYECTOS CIUDADANOS?

El dato más preocupante es que muchas de las iniciativas frenadas responden a demandas concretas de los vecinos. La regularización de barrios, la gestión del riesgo hídrico, la seguridad vial, el ordenamiento del tránsito, la protección animal, la regulación de ruidos molestos y la planificación urbana son temas que afectan directamente a la calidad de vida de los goyanos.

Al bloquear estas iniciativas, el oficialismo no solo frena a la oposición: frena a la propia ciudad.


UN CONCEJO A DOS VELOCIDADES

Este informe revela una realidad incómoda para el oficialismo: en el Concejo Deliberante de Goya, no todos los proyectos son iguales. Los del oficialismo vuelan; los de la oposición, caminan o directamente se detienen.

La pregunta que queda flotando es: ¿qué tipo de democracia legislativa queremos para Goya? ¿Una donde el debate y la construcción colectiva sean posibles, o una donde el oficialismo impone su agenda sin dar lugar a las ideas de quienes piensan distinto?

Por ahora, los números hablan por sí solos.

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