¿Acaso la sociedad argentina perdió el sueño de la movilidad social ascendente? Lo tiene postergado. Viene de frustración en frustración: se le prometió pobreza cero, bajar la inflación rápidamente, llenar la heladera y volver a comer asado los domingos.
Hugo Haime

La primera gran movilización que debió enfrentar el gobierno de Milei no fue por el dólar, ni por la seguridad, ni por los salarios. Fue por el presupuesto universitario, y fue fuertemente masiva: se habló de más de 400 mil personas. La última marcha también fue masiva pero de menor envergadura. Estamos viendo que aumenta el malestar social pero no aumenta la protesta social.

Cuando hoy le tomamos el pulso a la sociedad encontramos que un 40% está enojado y otros tantos deprimidos. El 40% enojado es una constante: marca a quienes nunca simpatizaron con el gobierno. Pero del 56% que votó a Milei con esperanza, esa esperanza en su mayoría se tornó en depresión en algunos y enojo en otros.

La depresión como sustituto de la protesta no es una novedad para las ciencias sociales. Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, argumenta que la autoagresividad que genera el sistema neoliberal no convierte al explotado en revolucionario sino en depresivo: cuando nos damos cuenta de que no podemos lograr lo que nos propusimos, no pensamos que la realidad es agresiva sobre la sociedad y el individuo, sino que nos autoculpamos. Bauman complementa esto con su idea de modernidad líquida: los vínculos sociales se debilitan, las instituciones pierden credibilidad y la acción colectiva se vuelve cada vez más difícil de sostener.

Lo que se lee como apatía en realidad esconde una gran frustración. Gran parte de los hogares tiene problemas para llevar una vida digna: no llegan a fin de mes, cambian hábitos de compra, se endeudan, buscan tener más de un trabajo y terminan el día agotados. Pero la fatiga no alcanza para explicar todo. La gente no sale a la calle masivamente cuando no ve un camino alternativo claro. Y hoy no aparece ni la fuerza política ni el dirigente que logre traducir ese malestar en expectativa.

¿Acaso la sociedad argentina perdió el sueño de la movilidad social ascendente? Lo tiene postergado. Viene de frustración en frustración: se le prometió pobreza cero, bajar la inflación rápidamente, llenar la heladera y volver a comer asado los domingos. Año a año fue bajando sus expectativas hasta que en 2023 le alcanzaba con que hubiera orden y bajara la inflación. El “no hay plata” caló hondo porque encontró una sociedad acostumbrada a guardar los sueños.

Y sin embargo la marcha universitaria estuvo, y nos mostró que el sueño de ser clase media y de ascenso social no está muerto. Está lastimado, convive con el multiempleo y la depresión social, pero sigue siendo la brújula de millones de familias. La demanda continúa latente.

El gobierno, ante la demanda de que se cumpla la ley, responde con argumentos falaces: que el presupuesto aprobado por el Congreso no especifica de dónde saldrán los fondos, que los estudiantes extranjeros no deberían estudiar gratis. Y como si fuera poco, dice que la convocatoria universitaria reunió menos gente que Colapinto. Es una respuesta que busca degradar la demanda. El gobierno es un gato que se muerde la cola: con el mercado interno paralizado, la recaudación languidece y eso obliga a recortes cada vez más profundos que afectan a provincias y servicios públicos.

Hay mucho para debatir sobre el modelo universitario: la calidad educativa, las becas, los aranceles. Pero esa discusión tiene una precondición en un mundo donde se pelea por el control de los datos, la robótica y los recursos naturales,

El país debe definir qué lugar le dará a la ciencia, la tecnología y la educación superior. Sin ese punto de partida, el debate es superficial. Detrás del conflicto presupuestario esta el modelo de sociedad que el mileísmo concibe Y la respuesta que da con sus actos es una donde los sueños de movilidad social no tienen lugar. Eso, la sociedad lo siente. Aunque todavía no sepa bien cómo responderle.

*Consultor y analista político.

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